Arrakis. Dune. El planeta del desierto. Sesenta años después de que Frank Herbert lo pusiera en el mapa, la especia sigue fluyendo: tres películas de Denis Villeneuve, una serie en HBO, un MMO que ha vendido un millón de copias y una estantería de novelas que no deja de crecer. Este es el especial completo de la saga: todas las novelas, todas las adaptaciones, los cómics, los juegos y el merchandising, desde las figuras no muy exitosas de 1984 hasta el ornitóptero de LEGO.
Tomaoslo con calma que este mega-especial va muy en serio… no sé si me he dejado algo 🙂
Índice
- Arrakis, Dune, el planeta del desierto
- Frank Herbert y el artículo que nunca publicó
- Dune (1965)
- El mesías de Dune (1969)
- Hijos de Dune (1976)
- Dios emperador de Dune (1981)
- Herejes de Dune (1984)
- Casa capitular: Dune (1985)
- La continuación: Brian Herbert y Kevin J. Anderson
- Por dónde empezar: órdenes de lectura
- El Dune que no existió: Jodorowsky
- El Dune de David Lynch (1984)
- Las miniseries de Sci-Fi Channel
- La trilogía de Denis Villeneuve
- Dune: Parte tres, el final
- Dune: La Profecía
- La música: de Toto a Hans Zimmer
- Los cómics
- Los videojuegos
- Juegos de mesa y rol
- Merchandising y coleccionismo
- Dune y la cultura popular
- Los herederos
- Lo mejor de lo mejor
- Dune hoy
- Dune en nosolocomics
- Para saber más
Cómo empezó todo… Arrakis, Dune, el planeta del desierto
Hay novelas que inventan universos y novelas que inventan nuevas miradas a un género. Dune hizo las dos cosas. Cuando Frank Herbert la publicó en 1965, la ciencia ficción llevaba dos décadas mirando a los ingenieros: cohetes, robots, imperios galácticos gobernados por la razón, era la hard sci-fi. Herbert escribió lo contrario. Un futuro sin ordenadores, donde la humanidad ha prohibido las máquinas pensantes y ha tenido que convertirse ella misma en la máquina. Un imperio feudal de casas nobles, un recurso único que lo mueve todo y un planeta desértico donde el agua se mide en gotas y la ecología no es decorado, sino el motor de la trama. Una visión con el trasfondo de la ciencia ficción pero con un contenido en cierta manera filosófico que se aprovechaba de la ciencia ficción para ser rupturista también en eso…
La especia melange —que alarga la vida, expande la conciencia y hace posible el viaje interestelar— solo existe en Arrakis. Quien controla Arrakis controla el imperio. A partir de ahí, Herbert monta una historia de venganza dinástica que parece el arranque de una aventura heroica clásica y que, entrega a entrega, se va revelando como una de las advertencias más duras que ha escrito el género: cuidado con los mesías, sobre todo con los que tienen razón.
Sesenta años después, la saga es un ecosistema completo. Seis novelas de Herbert padre, diecisiete de su hijo con Kevin J. Anderson, una película maldita en los 80, dos miniseries, una trilogía nominada a todo gracias a un gran artista que sigue innovando en cada una de sus obras el lenguaje cinematográfico, una precuela en HBO, cómics, videojuegos que fundaron un género entero, juegos de mesa que están entre los mejores del mundo y una industria de merchandising que pasó de ser un desastre histórico a llenar estanterías. Vamos por partes que esto es muy grande…
Frank Herbert y el artículo que nunca publicó
El origen de Dune no está en una nave espacial: está en una playa de Oregón. En los años cincuenta, Frank Herbert —periodista de profesión, escritor de ciencia ficción a ratos— viajó a Florence, en la costa de Oregón, para documentar un proyecto del Departamento de Agricultura estadounidense que intentaba fijar las dunas móviles plantando hierba de playa europea. Las dunas se tragaban carreteras y casas enteras. El artículo iba a llamarse «They Stopped the Moving Sands» y nunca llegó a publicarse.
Lo que sí salió de allí fue una imagen que Herbert no se quitó de la cabeza: «Las dunas son como olas en una gran masa de agua», explicó años después, «y la gente que las trata como un fluido aprende a controlarlas». De esa intuición —un desierto que se comporta como un océano, una ecología que se puede leer y, con paciencia de siglos, reescribir— nació Arrakis.
El camino hasta la imprenta fue largo. La novela apareció primero por entregas en la revista Analog: «Dune World» entre diciembre de 1963 y febrero de 1964, y «The Prophet of Dune» entre enero y mayo de 1965. Cuando Herbert intentó publicarla como libro, la rechazaron unas veinte editoriales —el propio autor llegó a hablar de veintitrés—. La aceptó finalmente Chilton Books, una editorial de Filadelfia conocida sobre todo por sus manuales de reparación de automóviles. En agosto de 1965 salía a la venta el libro que iba a convertirse en la novela de ciencia ficción más vendida de la historia, con unos veinte millones de ejemplares solo de la primera entrega.
Herbert escribió cinco secuelas antes de morir en 1986. Las seis forman un bloque extraordinario, y también uno de los más extraños que ha dado el género: pocas sagas se atreven a demoler tan a conciencia lo que su primera entrega ha construido.
Dune (1965)
Título original: Dune. Publicación: agosto de 1965, Chilton Books. Premios: primer premio Nebula a la mejor novela y premio Hugo de 1966, este último empatado con This Immortal de Roger Zelazny.
La Casa Atreides recibe del emperador el feudo de Arrakis, el único lugar del universo donde se produce la especia. Es un regalo envenenado: los Harkonnen, que gobernaban el planeta hasta ayer, no piensan marcharse sin más. Lo que empieza como una intriga política entre casas nobles se convierte, cuando el joven Paul Atreides y su madre huyen al desierto, en algo mucho más grande: el encuentro con los fremen, un pueblo que lleva generaciones esperando un mesías del que las Bene Gesserit sembraron la leyenda a propósito.
Lo que hace grande a Dune no es la trama, que es puro melodrama dinástico, sino todo lo que Herbert mete debajo. La ecología como fuerza política. La religión como tecnología social, diseñada y plantada como quien planta hierba en una duna. La economía de un recurso único. El lenguaje: un vocabulario prestado del árabe, el persa, el hebreo y el sánscrito que convierte cada término —Muad’Dib, Lisan al-Gaib, Shai-Hulud, Kwisatz Haderach— en un pequeño ensayo antropológico. Y sobre todo, una idea que Herbert desarrollaría hasta el final: la conciencia expandida como maldición, porque ver el futuro significa quedarse sin elección. En resumen, una cantidad de facetas en un solo texto que pueden hacer exigente una primera lectura de la obra y que lo convierten también en una rareza y en un ejercicio de brillantez creativa espectacular.
Es la puerta de entrada obligatoria y, sesenta años después, sigue leyéndose sola. La edición ilustrada de Nova es la más recomendable si la vas a tener a la vista; la de bolsillo de Debolsillo, la más práctica para leerla de verdad.
El mesías de Dune (1969)
Título original: Dune Messiah. Publicación: 1969, G.P. Putnam’s Sons.
Doce años después de los hechos de Dune, Paul es emperador y su nombre ha servido de bandera a una guerra santa que ha matado a miles de millones de personas. La novela no va del triunfo: va de un hombre atrapado dentro de su propio mito, incapaz de detener la maquinaria que puso en marcha.
Herbert la describió como una inversión musical deliberada de la melodía heroica de la primera novela, y el público de 1969 no se lo perdonó. Es más corta, más claustrofóbica, casi una obra de cámara de conspiraciones en pasillos palaciegos. También es la clave de bóveda de toda la saga: sin ella, Dune se lee como la epopeya de un elegido; con ella, queda claro que Herbert estaba escribiendo sobre el desastre que provocan los líderes carismáticos incluso cuando aciertan. En su ensayo «DuneGenesis» (revista Omni, julio de 1980) lo explicó él mismo. Es la novela que Denis Villeneuve adapta ahora en cine, y conviene haberla leído antes de diciembre. Brillante como contraparte a esa primera novela que desmitifica aun más al héroe.
Hijos de Dune (1976)
Título original: Children of Dune. Publicación: abril de 1976, G.P. Putnam’s Sons. Nominada al Hugo de 1977.
Nueve años más tarde, los gemelos de Paul, Leto II y Ghanima, crecen rodeados de gente que quiere usarlos, matarlos o convertirlos en dioses. La regencia de su tía Alia se desmorona, el ecosistema de Arrakis está cambiando a marchas forzadas y en el desierto aparece un predicador ciego al que nadie se atreve a nombrar.
Aquí entra en escena el Sendero Dorado: el plan de supervivencia de la especie que va a justificar todo lo que viene después. Comercialmente fue un punto de inflexión para el género entero —se considera el primer superventas de ciencia ficción en tapa dura— y narrativamente es la más trepidante de las secuelas, con una segunda mitad que se lee como un thriller.
Dios emperador de Dune (1981)
Título original: God Emperor of Dune. Publicación: 1981, G.P. Putnam’s Sons.
Tres mil quinientos años después. Leto II, fusionado con las truchas de arena (!!!) hasta convertirse en algo que ya no es humano ni gusano, lleva milenios gobernando la humanidad como una tiranía perfecta, diseñada para ser tan insoportable que, cuando caiga, nadie vuelva a aceptar jamás un dueño. La novela es en buena medida su monólogo.
Es la más rara (no me digais que lo de las truchas no es raro…), la más lenta y la más filosófica del conjunto, y también la que separa a los lectores en dos bandos irreconciliables. Media saga la considera un ladrillo; la otra media, la cumbre del pensamiento de Herbert sobre el poder, la memoria y la libertad. Lo que nadie discute es su ambición: pocas novelas del género se atreven a dedicar cuatrocientas páginas a que un tirano explique por qué su tiranía está diseñada para fracasar.
Herejes de Dune (1984)
Título original: Heretics of Dune. Publicación: 1984, G.P. Putnam’s Sons.
Mil quinientos años después de la muerte de Leto II, la humanidad se ha dispersado por el universo en la Diáspora y vuelve con algo aterrador pegado a los talones: las Honoradas Matres, una fuerza matriarcal venida de fuera del universo conocido que arrasa cuanto toca. Las Bene Gesserit, los Tleilaxu y lo que queda de Arrakis se ven arrastrados a un conflicto que ninguno controla.
Herbert reinicia aquí la saga con energía nueva, personajes nuevos y un ritmo mucho más ágil que en la entrega anterior. Es la más subestimada de las seis, y la que mejor demuestra que a los sesenta y tantos años seguía teniendo ideas de sobra.
Casa capitular: Dune (1985)
Título original: Chapterhouse: Dune. Publicación: abril de 1985, G.P. Putnam’s Sons. Llegó al número 2 de la lista de más vendidos de The New York Times.
La última novela que escribió Frank Herbert. Las Bene Gesserit, acorraladas, intentan convertir su propio planeta en un desierto mientras preparan una salida desesperada. Es un libro de estrategas, de conversaciones largas y de mujeres muy inteligentes tomando decisiones terribles.
Y termina en un cliffhanger. Herbert murió en 1986, antes de escribir la continuación que tenía planeada, y durante veinte años la saga se quedó colgada en el aire. Esa herida abierta explica buena parte de lo que vino después.
La continuación: Brian Herbert y Kevin J. Anderson
En 1997, Brian Herbert y el escritor Kevin J. Anderson anunciaron que iban a continuar la saga. Brian contó que, tras la muerte de su padre, habían aparecido un esquema de unas treinta páginas para la secuela de Casa capitular y miles de páginas de notas guardadas en una caja de seguridad. Desde entonces han publicado diecisiete novelas ambientadas en el universo Dune, organizadas en ciclos:
- Preludio a Dune (1999-2001): La Casa Atreides, La Casa Harkonnen y La Casa Corrino. Los años anteriores a la novela original: cómo llegó Leto al poder, cómo se forjó el odio entre casas y de dónde salió Jessica.
- Leyendas de Dune (2002-2004): La Yihad Butleriana, La Cruzada de las Máquinas y La Batalla de Corrin. Diez mil años antes: la guerra contra las máquinas pensantes que explica por qué en Dune no hay ordenadores.
- El final de la saga (2006-2007): Cazadores de Dune y Gusanos de arena de Dune, escritas a partir del esquema que dejó Frank Herbert para cerrar el cliffhanger de Casa capitular.
- Héroes de Dune (2008-2023): Paul de Dune, Los vientos de Dune y Princesa de Dune, que rellenan huecos entre las novelas originales.
- Grandes Escuelas de Dune (2012-2016): Hermandad de Dune, Mentats de Dune y Navegantes de Dune. La fundación de las Bene Gesserit, los mentats y la Cofradía. Es la base de la que parte la serie Dune: La Profecía.
- Trilogía de Caladan (2020-2022): El Duque de Caladan, La Dama de Caladan y El Heredero de Caladan, centradas en Leto, Jessica y Paul justo antes de los hechos de la primera novela.
¿Merecen la pena? El consenso, incluido el de buena parte del fandom más crítico, es que no juegan en la liga de Frank Herbert: son novelas de aventura política mucho más convencionales, con menos capas y mucha más acción. Dicho eso, el Preludio a Dune es el punto de entrada más recomendado si te has quedado con ganas de universo, Cazadores y Gusanos de arena son obligatorias para cualquiera que necesite saber cómo acababa aquello, y la trilogía de Caladan es la mejor recibida de todas, la más cercana en tono al original.
La controversia de fondo nunca se ha cerrado del todo: hay versiones distintas sobre cuándo aparecieron exactamente las notas de Frank Herbert y qué contenían, y una parte de los lectores sostiene que las novelas se apartan mucho de lo que su padre tenía en mente. Es un debate que sigue vivo en cada hilo de foro que se abre sobre el tema.
Por dónde empezar: órdenes de lectura
La pregunta de siempre. Hay dos respuestas.
Orden de publicación (el recomendable). Las seis de Frank Herbert seguidas, de Dune a Casa capitular. Si después quieres más, entonces sí: Preludio, Leyendas, Grandes Escuelas, Caladan, y cierras con Cazadores y Gusanos de arena.
Orden cronológico interno. Empezarías por Leyendas de Dune (la yihad butleriana), seguirías con Grandes Escuelas, Preludio y Caladan, y solo entonces llegarías a la novela original. No lo recomienda casi nadie: destripa revelaciones importantes y arranca por lo más flojo.
Para quien no ha leído nada, el consejo es todavía más simple: lee Dune. Si te atrapa, lee El mesías de Dune antes de que llegue la película de diciembre. Y a partir de ahí, decides tú.
Fuera de las novelas hay dos volúmenes que merecen mención. El camino a Dune (2005) recoge escenas descartadas, la correspondencia de Herbert con sus editores, el artículo inédito «They Stopped the Moving Sands» y Spice Planet, una versión alternativa de la novela basada en un esquema primitivo. Y la Enciclopedia de Dune de Willis E. McNelly (1984), que Herbert aprobó en vida y calificó de fascinante, quedó declarada no canónica tras su muerte y lleva descatalogada desde entonces: es una de esas piezas que el coleccionista paciente acaba encontrando de segunda mano.
El Dune que no existió: Jodorowsky
Antes que Lynch y mucho antes que Villeneuve, hubo un Dune imposible. En 1974, un consorcio francés compró los derechos y puso al frente a Alejandro Jodorowsky, que montó el equipo más alucinante que ha reunido jamás una película no rodada: Moebius dibujando un storyboard completo de unos tres mil planos, H. R. Giger diseñando a los Harkonnen, Chris Foss las naves, Dan O’Bannon los efectos, Pink Floyd y Magma la música. En el reparto previsto: Salvador Dalí como el emperador —pedía cien mil dólares por minuto en pantalla—, Orson Welles como el barón Harkonnen, Mick Jagger, Gloria Swanson y el hijo del propio Jodorowsky como Paul.
Se gastaron unos dos millones de dólares en preproducción. El proyecto se hundió por la razón más previsible: Jodorowsky hablaba de una película de diez a catorce horas y ningún estudio de Hollywood iba a poner los cinco millones que faltaban para algo así. En 1976 los derechos pasaron a Dino De Laurentiis, y de ahí salió la versión de Lynch.
La historia está contada en Jodorowsky’s Dune (2013), el documental de Frank Pavich que se estrenó en Cannes y acumula un 98% en Rotten Tomatoes. Es, sin exagerar, uno de los mejores documentales sobre cine que existen, entre otras cosas porque demuestra que aquella película fantasma acabó rodándose a trozos: O’Bannon y Giger se fueron directos a Alien, y buena parte de la estética espacial de los setenta y ochenta sale de aquellas carpetas.
El epílogo es tan bueno como la película. Una de las copias del enorme dossier de producción con los storyboards de Moebius salió a subasta en Christie’s París el 22 de noviembre de 2021 y se vendió por 2.660.000 euros, casi ciento diez veces su estimación de salida y récord mundial para un storyboard. La compró un colectivo cripto llamado Spice DAO convencido de que poseer el libro le daba los derechos para producir una serie animada y vender NFT. No era así: comprar un objeto no compra su propiedad intelectual. El ridículo fue planetario, el grupo se disolvió poco después y el episodio se ha quedado como la mejor parábola disponible sobre qué pasa cuando alguien confunde un ejemplar con una licencia.
El Dune de David Lynch (1984)

Estreno: 14 de diciembre de 1984. Presupuesto: unos 40-42 millones de dólares. Taquilla en EE. UU.: 30,9 millones.
Dino De Laurentiis puso el proyecto en manos de un David Lynch de 38 años que venía de El hombre elefante y que rechazó dirigir El retorno del Jedi para hacerla. El resultado es una de las películas más comentadas de la historia del cine fantástico, y no precisamente por sus virtudes narrativas.
Lynch no tuvo montaje final. El estudio exigió una duración comercial y lo que llegó a las salas fue una versión de 137 minutos que comprime seis horas de libro a base de voces en off explicativas, elipsis brutales y un prólogo de la princesa Irulan que intenta resumir un universo entero en tres minutos. Roger Ebert la despachó con una estrella y la palabra «incomprensible»… Fue un fracaso de taquilla monumental, y Lynch lleva cuarenta años renegando de ella: cuando se montó una versión extendida de 186 minutos para televisión, exigió que le quitaran el nombre, y los créditos pasaron a firmarlos el legendario «Alan Smithee».
Y sin embargo. Vista hoy, la película de Lynch es un objeto fascinante: el diseño de producción de Anthony Masters, los Harkonnen purulentos, los navegantes de la Cofradía, el uso del sonido, la partitura de Toto. Es un Dune barroco, sucio y enfermizo, mucho más cercano al body horror que a la épica. El culto que la rodea no es nostalgia: es reconocimiento de que ninguna otra versión ha tenido esa textura. Con Lynch fallecido en enero de 2025, su Dune se lee ya como lo que siempre fue, una pieza más de su filmografía y no un accidente dentro de ella.
Las miniseries de Sci-Fi Channel
Entre la película de Lynch y la llegada de Villeneuve, la adaptación más fiel de Dune estuvo en televisión. Frank Herbert’s Dune se emitió en tres partes del 3 al 6 de diciembre de 2000 en Sci-Fi Channel, dirigida y escrita por John Harrison, con William Hurt como el duque Leto, Alec Newman como Paul y Ian McNeice como un barón Harkonnen memorablemente teatral. Ganó dos premios Emmy —fotografía y efectos visuales— y batió récords de audiencia del canal.
La secuela, Children of Dune (del 16 al 26 de marzo de 2003, dirigida por Greg Yaitanes), adapta de una sentada El mesías de Dune e Hijos de Dune, con un jovencísimo James McAvoy como Leto II y Susan Sarandon como Wensicia. Ganó otro Emmy de efectos visuales.
Se ven muy teatrales: decorados pintados, presupuesto de televisión por cable, interpretaciones desiguales. Pero son, con diferencia, la adaptación que más respeta la letra de los libros, y la única que ha llevado a imagen real lo que pasa después de El mesías. Para el lector de la saga siguen siendo una parada obligatoria.
Y entonces llegó Villeneuve… La nueva trilogía

Denis Villeneuve lleva diciendo lo mismo desde que era adolescente: quería hacer Dune. Lo dijo antes de La llegada, antes de Blade Runner 2049 y antes de que nadie le diera 165 millones de dólares para intentarlo. Por aquí lo veníamos contando desde que el remake no era más que un rumor y desde que se confirmó que lo dirigiría él. Lo que ha conseguido es la adaptación que parecía imposible: una que funciona como espectáculo de masas sin traicionar el fondo del libro y con una belleza visual impresionante.
Dune: Parte Uno (2021). Estreno en Venecia el 3 de septiembre de 2021 y en cines a partir del 15 de septiembre en Europa y el 22 de octubre en Estados Unidos. Presupuesto de 165 millones y una taquilla mundial de 411 millones de dólares conseguida en las peores condiciones imaginables: Warner la estrenó simultáneamente en HBO Max, decisión que Villeneuve y Legendary criticaron en público con dureza. Aun así funcionó, y en los Óscar arrasó en las categorías técnicas: seis estatuillas de diez nominaciones —fotografía, montaje, banda sonora, efectos visuales, diseño de producción y sonido—.
La decisión clave fue partir la novela en dos y no tener prisa. La primera película se toma su tiempo con Caladan, con el duelo, con la lentitud del desierto; renuncia a la voz en off explicativa que hundió a Lynch y confía en que el espectador aguante sin entenderlo todo. Greig Fraser fotografía Arrakis como un documental de otro planeta y el diseño de producción sustituye el barroquismo ochentero por un brutalismo de hormigón y piedra que ha marcado el aspecto visual de toda la ciencia ficción posterior.
Dune: Parte Dos (2024). Estreno el 1 de marzo de 2024, 190 millones de presupuesto y unos 715 millones de taquilla mundial, séptima película más taquillera del año. Un 92% en Rotten Tomatoes sobre más de 460 críticas y un 79 en Metacritic. Ganó dos Óscar, sonido y efectos visuales, de cinco nominaciones, incluida la de mejor película.
Es la mejor de las dos, y la que demuestra que Villeneuve había entendido el libro. Donde una adaptación perezosa habría celebrado el ascenso de Paul, la película lo filma como una tragedia: cuanto más gana Paul, más se pierde a sí mismo, y el personaje de Chani se reescribe para ponerle voz a la incomodidad que Herbert dejó en el subtexto. El montaje añade además una escena poscréditos que presenta a Irulan (Florence Pugh) y a Alia (Anya Taylor-Joy), es decir, deja colocadas las piezas de lo que viene.
Dune: Parte tres, el final
Estreno: 18 de diciembre de 2026 (16 de diciembre en parte del mercado internacional).
La tercera película adapta El mesías de Dune y transcurre unos años después del final de Parte Dos, con Paul convertido en emperador y la yihad arrasando el universo conocido. Es, sobre el papel, el material más difícil de la saga: una novela corta, introspectiva y deliberadamente antiheroica que le da la vuelta a todo lo que el público acaba de aplaudir en el cine. Villeneuve ha dicho desde el principio que era la película que necesitaba hacer para cerrar el ciclo. Y las expectativas ahora mismo están por las nubes…
Vuelven Timothée Chalamet, Zendaya, Rebecca Ferguson, Javier Bardem, Josh Brolin, Florence Pugh como Irulan y Anya Taylor-Joy como Alia. Se incorporan Jason Momoa como Hayt, el ghola de Duncan Idaho devuelto a la vida por los Tleilaxu, y Robert Pattinson como Scytale, el danzarín rostro que mueve la conspiración. Charlotte Rampling repite como la reverenda madre Mohiam. La fotografía pasa a manos de Linus Sandgren, y el rodaje se completó entre julio y noviembre de 2025 en Budapest y en el oasis de Liwa, en Abu Dabi.
El primer tráiler llegó el 17 de marzo de 2026 y el completo el 8 de julio. Las entradas para las diecinueve salas con proyección en IMAX 70 mm se pusieron a la venta el 6 de abril y se agotaron en minutos, un dato que dice bastante sobre el tipo de expectación que hay. El otro dato relevante es que comparte fecha de estreno con Vengadores: Doomsday, así que diciembre va a ser una de esas semanas que se recuerdan años después. Volveremos sobre ello cuando haya cifras.
Dune: La Profecía
HBO estrenó en noviembre de 2024 Dune: Prophecy, precuela ambientada diez mil años antes de la novela y centrada en las hermanas Valya y Tula Harkonnen y en la fundación de lo que acabará siendo la Bene Gesserit. Parte libremente de la trilogía Grandes Escuelas de Dune de Brian Herbert y Kevin J. Anderson, aunque se toma bastantes libertades.
Emily Watson y Olivia Williams sostienen la serie, con Travis Fimmel como el inquietante Desmond Hart y Mark Strong como el emperador Corrino. La recepción fue tibia en la crítica —65% en Rotten Tomatoes, 64 en Metacritic—, pero la audiencia respondió: 1,2 millones de espectadores en el estreno estadounidense y más de diez millones globales en diciembre de 2024. Es una serie de intrigas palaciegas y venenos lentos, más Juego de tronos que Villeneuve, y funciona mejor cuanto menos intenta parecerse a las películas.
La segunda temporada se confirmó en diciembre de 2024 y se rodó entre noviembre de 2025 y marzo de 2026 en Hungría, Jordania y España, con Indira Varma, Ashley Walters y Tom Hollander incorporados al reparto. HBO la sitúa en 2026 sin haber concretado fecha exacta, así que lo lógico es esperarla cerca del estreno de la película.
La música: de Toto a Hans Zimmer
Dune ha tenido dos bandas sonoras memorables y ninguna de ellas es convencional.
La de 1984 la firmó Toto —sí, los de «Africa»—, con Brian Eno aportando el «Prophecy Theme». Es una partitura sinfónica de rock progresivo, grandilocuente y ochentera hasta la médula, que envejece mejor de lo que cabría esperar y que para mucha gente sigue siendo el sonido de Dune.
La de Villeneuve es de Hans Zimmer, que rechazó volver a trabajar con Christopher Nolan en Tenet para poder hacerla: Dune era su novela favorita desde niño y no pensaba dejarla pasar. El resultado le dio su segundo Óscar y redefinió lo que puede sonar en una película de ciencia ficción: gaitas procesadas, voces femeninas tratadas hasta volverse instrumentos, percusión sin métrica reconocible, instrumentos inventados para la ocasión. Junto al álbum de la película publicó The Dune Sketchbook (3 de septiembre de 2021), 101 minutos de exploraciones extendidas de los temas que funciona como obra independiente.
Los vinilos de ambas partes, editados por Mondo en tiradas numeradas y con discos de colores, están entre los objetos más buscados del merchandising de la saga. Las ediciones en vinilo de las bandas sonoras se reeditan cada cierto tiempo, pero las de Mondo vuelan.
Los cómics
Dune ha tardado décadas en encontrar su sitio en la viñeta, pero cuando lo ha hecho ha sido a lo grande.
La primera adaptación es una joya rara: Marvel Super Special nº 36 (diciembre de 1984), adaptación oficial de la película de Lynch con guion de Ralph Macchio y, sobre todo, dibujo de Bill Sienkiewicz en plena explosión expresionista. Se reeditó en 1985 como miniserie de tres números. El material es irregular por lo que es —un tie-in de cine hecho a contrarreloj—, pero las páginas de Sienkiewicz son de las que se enmarcan.
El salto de calidad llega en 2020, cuando BOOM! Studios arranca una línea de precuelas guionizadas por Brian Herbert y Kevin J. Anderson a partir de sus propias novelas: Dune: La Casa Atreides (con dibujo de Dev Pramanik), Las Aguas de Kanly, Dune: La Casa Harkonnen, Dune: La Casa Corrino e Historias de Arrakeen. Son cómics de intriga política más que de acción, muy legibles y con buen acabado.
La obra mayor, sin embargo, es Dune: la novela gráfica, la adaptación en tres tomos de la novela original publicada por Abrams ComicArts: Libro 1: Dune (2020), Libro 2: Muad’Dib y Libro 3: El Profeta, con guion de Herbert y Anderson, portadas de Sienkiewicz y, lo importante, dibujo de los españoles Raúl Allén y Patricia Martín. Es una adaptación seria, elegante y sorprendentemente fiel, con un diseño de página que resuelve muy bien los monólogos interiores que hacen de Dune un libro difícil de dibujar. La trilogía está completa y existe estuche con los tres tomos.
En España todo esto lo publica Norma Editorial, que tiene disponibles tanto los tres volúmenes de la novela gráfica como las precuelas. Y hay novedad a la vista: Abrams publica el 3 de noviembre de 2026 el primer libro de Dune Messiah: The Graphic Novel, adaptación de El mesías de Dune con dibujo de Michael Shelfer y portada de Sienkiewicz, calculado para coincidir con la película. La edición española llegará después.
- Dune: la novela gráfica (Norma Editorial) — los tres tomos, el mejor punto de entrada en viñetas.
- Dune: La Casa Atreides — el arranque de las precuelas.
Los videojuegos
Aquí Dune tiene un mérito que casi ninguna otra franquicia puede reclamar: no solo ha tenido buenos juegos, sino que uno de ellos fundó un género.
Dune (Cryo/Virgin, 1992) fue el primero, una mezcla rarísima de aventura gráfica y gestión con una estética art nouveau preciosa y una banda sonora de culto. Vendió unas 300.000 copias y sigue siendo uno de los grandes raros de la época.
Dune II: The Building of a Dynasty (Westwood, diciembre de 1992) es el importante. No fue literalmente el primer juego de estrategia en tiempo real, pero sí el que fijó la gramática del género: recolección de recursos sobre el mapa, construcción de base, árbol tecnológico, tres facciones asimétricas, niebla de guerra y control de unidades con el ratón. Todo lo que hicieron después Command & Conquer, Warcraft, Age of Empires o StarCraft sale de ahí. Si juegas a cualquier RTS, estás jugando a un nieto de Dune II.
Después llegaron Dune 2000 (1998), remake con vídeos de actores; Emperor: Battle for Dune (2001), la secuela en 3D con un 79 en Metacritic; y Frank Herbert’s Dune (2001), una aventura en tercera persona tan mala —48 en Metacritic— que contribuyó a la quiebra de Cryo.
La saga volvió con fuerza en esta década. Dune: Spice Wars (Shiro Games y Funcom, versión 1.0 el 14 de septiembre de 2023) es un 4X con tiempo real que ganó el premio de estrategia del año en los D.I.C.E. de 2024. Y Dune: Awakening (Funcom, 10 de junio de 2025) es el fenómeno: un MMO de supervivencia ambientado en un Arrakis alternativo que alcanzó 189.000 jugadores simultáneos en Steam y vendió un millón de copias en dos semanas, el lanzamiento más rápido en la historia de Funcom. Su versión de consola para PS5 y Xbox Series llega el 22 de septiembre de 2026, con campaña para un jugador completa y 60 fps, y hay una actualización gratuita anunciada para final de año que añade el bioma del casquete polar.
Juegos de mesa y rol
Si el desierto se te da mejor en una mesa, Dune está espectacularmente bien servido. De hecho es una de las franquicias mejor adaptadas al juego de mesa que existen.
Dune (Avalon Hill, 1979), diseñado por Bill Eberle, Jack Kittredge y Peter Olotka, es un clásico absoluto: seis facciones radicalmente asimétricas, alianzas traicioneras, negociación constante y una tensión que no se parece a nada. Estuvo descatalogado treinta y cinco años y llegó a pagarse a precio de oro hasta que Gale Force Nine lo reeditó en octubre de 2019 prácticamente sin tocar las reglas, con expansiones posteriores (Ixianos y Tleilaxu, CHOAM y Richese, Ecaz y Moritani). Hay edición en castellano distribuida por Asmodee.
Dune: Imperium (Dire Wolf, Paul Dennen, 2020) es el que ha conquistado a todo el mundo: combina colocación de trabajadores con construcción de mazo de una forma tan elegante que lleva años instalado en el top 10 de BoardGameGeek. Tiene expansiones (El Auge de Ix, Immortality, Bloodlines) y una versión independiente, Dune: Imperium – Uprising (2023), que también está entre los diez mejores valorados de la web. Y hay novedad para este otoño de 2026: la expansión Conspiracy, anunciada para coincidir con el estreno de la película.
Dune: La Guerra de Arrakis (CMON, 2024) es la propuesta de miniaturas: un juego asimétrico de dos bandos —Atreides contra Harkonnen— con gusanos de arena enormes sobre el tablero. Y Dune: un juego de conquista y diplomacia (Gale Force Nine, 2021) es el tie-in de la película de Villeneuve, más ligero y directo.
En rol, Dune: Adventures in the Imperium (Modiphius, 2021) usa el sistema 2d20 y tiene un enfoque interesante: los jugadores no interpretan solo a personajes, sino a toda una Casa noble, con sus intrigas y sus dominios. Suplementos como Masters of Dune y Fall of the Imperium amplían la campaña. No hay edición oficial en castellano, así que toca jugarlo en inglés.
- Dune: Imperium y Dune: Imperium – Uprising.
- Dune: La Guerra de Arrakis (CMON).
- Dune: Adventures in the Imperium (Modiphius).
Merchandising y coleccionismo
La historia del merchandising de Dune es, durante cuarenta años, la historia de un fracaso; y desde 2021, la de una recuperación bastante espectacular. Merece la pena contarla entera, porque explica por qué hay tan poco material clásico y por qué lo poco que hay se paga tan caro.
1984: LJN, o cómo hundir una línea de juguetes
Con la película de Lynch, la juguetera LJN lanzó una línea de figuras de acción con mecanismo «Battle-Matic» —al apretarles las piernas movían el brazo— que incluía a Paul Atreides, el barón Harkonnen, Feyd-Rautha, Stilgar, Rabban y un guerrero Sardaukar, más armas (la pistola tarpel fremen, la láser sardaukar) y vehículos: Sand Scout, Spice Scout, Sand Roller y Sand Crawler. LJN anunció dos gusanos de arena, uno de peluche y otro flexible de 35 centímetros; solo llegó a las tiendas el flexible. El de peluche se canceló.
La línea se hundió con la película. Las estanterías se llenaron de figuras de un pase que nadie había visto y se vaciaron a precio de saldo. El contraste con Kenner y Star Wars es brutal: Kenner vendió más de 300 millones de figuras entre 1977 y 1985 y con esos ingresos de licencia se financiaron literalmente las secuelas de Lucas. LJN vendió tan poco que Dune se convirtió en el ejemplo canónico de lo que pasa cuando una licencia se ata a un fracaso de taquilla.
La ironía es que hoy esas mismas figuras son piezas de coleccionista muy buscadas precisamente por eso: se fabricaron pocas, se guardaron menos y el gusano flexible en caja es una de esas rarezas que aparecen y desaparecen de eBay en cuestión de horas. No hay un precio de mercado estable —es un nicho pequeño y poco líquido—, pero cualquier coleccionista de juguetería ochentera sabe lo que tiene delante cuando lo ve.
De las miniseries de Sci-Fi de 2000 y 2003 no quedó prácticamente nada: ni figuras ni réplicas, solo las ediciones domésticas en DVD y Blu-ray.
La era Villeneuve: el catálogo actual
Con las películas de Villeneuve, Dune ha recuperado el tiempo perdido. Esto es lo que hay ahora mismo:
LEGO. La pieza estrella es el set 10327 Ornitóptero Real Atreides, de la línea Icons: lanzado en febrero de 2024, 1.369 piezas, unos 164,99 € y ocho minifiguras exclusivas —Paul, Chani, el duque Leto, Jessica, Gurney, Liet Kynes, Duncan y un piloto—. Las alas articuladas son el mejor argumento del set. Está en fase de retirada prevista para este 2026, así que es de los que conviene no dejar para el año que viene. Circula además un rumor insistente sobre un set Icons de un gusano de arena para principios de 2027; de momento es solo eso, un rumor sin anuncio oficial.
Funko Pop! La cobertura es amplia y va desde la película de Lynch —Paul (#813) y Feyd-Rautha (#814 y #861)— hasta las tres películas de Villeneuve, con Paul, Chani, Feyd-Rautha, Stilgar, Lady Jessica, el duque Leto, Duncan y el barón. Hay variantes chase y exclusivas de tienda para quien coleccione en serio.
Figuras de acción y estatuas. McFarlane Toys tiene la licencia principal: figuras de 7 pulgadas a unos 23-25 dólares (Paul, Chani, Feyd-Rautha, el emperador Shaddam, Stilgar, Duncan, Lady Jessica), packs dobles y un pack Gold Label de cuatro figuras exclusivo de Amazon; el barón Harkonnen tuvo su propia figura deluxe de 12 pulgadas. Super7 sacó en 2022 una línea ReAction de 3,75 pulgadas con estética retro ochentera que es un guiño directo a lo que LJN no llegó a ser. Y en la gama alta, Prime 1 Studio fabrica estatuas de Paul Atreides en escalas 1:4 y 1:3 que se cuentan por cuatro cifras. (Aviso para navegantes: Hot Toys, pese a lo que se lee por ahí, no tiene línea de Dune.)
Réplicas. Dos destacan. El crysknife de Factory Entertainment, réplica con licencia oficial en edición limitada por unos 120 dólares, es el objeto obvio para quien quiera una pieza de Dune en la pared. Y el cazador-buscador de Paragon FX Group, reproducción del artefacto de la película de 1984 en latón, aluminio y acrílico mecanizados, limitado a 500 unidades y con peana, a unos 350 dólares: una rareza preciosa para el fan del Dune de Lynch.
Vinilos y arte. Mondo editó las bandas sonoras de Zimmer en tiradas numeradas con discos de colores, incluido el triple vinilo de The Dune Sketchbook, y acompañó los lanzamientos con litografías limitadas. La tienda oficial de Warner mantiene línea de ropa y pósters de las dos primeras películas.
Libros de arte y ediciones objeto
Para quien colecciona con estantería en vez de vitrina, aquí está lo mejor del catálogo:
- The Art and Soul of Dune (Tanya Lapointe, 2021) y The Art and Soul of Dune: Part Two (Lapointe y Stefanie Broos, 2024): los dos libros de producción oficiales, con bocetos, fotografía de rodaje y entrevistas. Son excelentes.
- La edición ilustrada de Nova en castellano, la forma más bonita de tener la novela en español.
- La edición de The Folio Society (2015, 50 aniversario), con ilustraciones de Sam Weber y estuche, a unas 120 libras. Es la edición definitiva para quien quiera una sola y que sea la buena.
- Los libros y facsímiles derivados del proyecto de Jodorowsky, para el fan del cine que nunca fue.
Coleccionismo de alto nivel
Y arriba del todo, el mercado serio. Una primera edición de Chilton de 1965 con su sobrecubierta original —la ilustró John Schoenherr— en buen estado se mueve hoy entre los 20.000 y los 38.000 dólares; las copias firmadas rondan los 8.000-12.000 y un set completo firmado de la trilogía original llegó a venderse por más de 100.000. Es uno de los libros de ciencia ficción más caros del mercado, con el añadido irónico de que su editorial original hacía manuales de coches.
Por encima de todo eso está el dossier de Jodorowsky: los 2,66 millones de euros de Christie’s en 2021 siguen siendo el récord mundial para un storyboard. Y el arte original de Moebius para aquel proyecto, y el de Sienkiewicz para el cómic de 1984 —incluida una portada nunca publicada—, aparecen de vez en cuando en las subastas de Heritage. Son piezas de museo con precio de museo.
Qué comprar hoy
Resumido, para quien quiera empezar por algo concreto:
- Las novelas de Frank Herbert, en bolsillo o en la edición ilustrada.
- Las películas en 4K UHD, incluidas las ediciones steelbook de las dos partes y la del Dune de Lynch.
- El ornitóptero de LEGO 10327, antes de que se retire.
- Los libros de arte de las películas.
- Funko Pop! y figuras de McFarlane para la estantería.
Dune y la cultura popular
Hay obras que tienen fans y obras que tienen descendencia. Dune tiene las dos cosas, y su huella es tan profunda que a menudo cuesta verla: buena parte de lo que hoy nos parece «ciencia ficción normal» se inventó en estas páginas.
De dónde bebe
Herbert no construyó Arrakis de la nada. Las fuentes documentadas son fascinantes y revisarlas se convierte en ejercicio fascinante:
- Las dunas de Oregón y el reportaje que nunca publicó, ya contado más arriba: la semilla ecológica de todo.
- The Sabres of Paradise de Lesley Blanch (1960), crónica de la resistencia caucásica del imán Shamil contra el imperio ruso. De ahí salen, casi literalmente, chakobsa, kanly, siridar, kindjal y padishah, y hasta frases enteras: donde Blanch escribe «el brillo viene de la ciudad, la sabiduría de las colinas», Herbert escribe «de las ciudades… del desierto».
- Lawrence de Arabia. Herbert leyó Los siete pilares de la sabiduría durante su documentación, y el arquetipo del forastero que adopta una cultura del desierto y la convierte en ejército está en el centro del libro. Cuando Leto le dice a Paul que en Caladan gobernaban con poder marítimo y aéreo, pero que en Arrakis hay que buscar «poder del desierto», está citando la estrategia de Lawrence casi al pie de la letra.
- El árabe, el islam y el sufismo, que impregnan la terminología entera de la novela, del Lisan al-Gaib a la yihad. Es también el punto que más debate genera en las adaptaciones, porque algunas traducciones y versiones han suavizado la palabra «yihad» sustituyéndola por «cruzada».
- La ecología y la desertificación, en pleno auge del pensamiento ecologista de los sesenta. Dune está considerada la primera gran novela de ecología planetaria del género.
Hay además dos lecturas que se repiten tanto que conviene ubicarlas bien: la especia como petróleo y Arrakis como Oriente Medio es una interpretación crítica casi universal, pero no una declaración explícita del autor; y la famosa anécdota de los hongos alucinógenos —la especia como espora, los gusanos como larvas, los ojos azules como el azul del Psilocybe— procede de un relato en segunda mano del micólogo Paul Stamets, que dice habérselo oído al propio Herbert. Tómense ambas como lo que son: lecturas estupendas, no confesiones.
Qué ha engendrado
Star Wars. El caso más citado, y con razón. Planeta desértico, criatura gigante del subsuelo, «especia» como contrabando, poder mental para dominar voluntades, profecía sobre un elegido. Herbert lo vio enseguida: en 1977 declaró a la agencia AP que «intentaré con todas mis fuerzas no demandar», y en un coloquio de 1985 en UCLA remató que «Lucas nunca ha admitido que copiaran mucho de Dune; yo no digo que lo hicieran, solo digo que hay dieciséis puntos de identidad entre el libro y la película», añadiendo en broma que Lucas le debía al menos una cena. Lucas nunca ha respondido públicamente a eso. Villeneuve lo resumió mejor que nadie: «George Lucas se inspiró en Dune para crear Star Wars, y luego, al hacer una película sobre Dune, tuvimos que negociar la influencia de Star Wars». Bueno, polémica servida y una que nos acompañará por toda la eternidad…
Warhammer 40.000. Un emperador humano semidivino, navegantes que doblan el espacio guiados por sustancias psicoactivas, una prohibición histórica de las máquinas pensantes que da origen a un clero tecnológico. Games Workshop nunca lo ha reconocido oficialmente, pero el parentesco es evidente para cualquiera que haya leído las dos cosas.
Los videojuegos de estrategia. Ya está contado: Dune II inventó la gramática del RTS y de ahí salió todo lo demás.
La música. Iron Maiden dedicó a la novela «To Tame a Land» (Piece of Mind, 1983), con fremen, Caladan y gom jabbar en la letra. Querían titularla «Dune» y el agente de Herbert les contestó por escrito con una de las negativas más gloriosas de la historia del rock: «No. Porque a Frank Herbert no le gustan las bandas de rock, especialmente las de rock duro, y muy especialmente bandas de rock como Iron Maiden». Bruce Dickinson se lo tomó como cabía esperar y lo contó desde el escenario. Y en «Weapon of Choice» de Fatboy Slim (2000) suena la línea «walk without rhythm and it won’t attract the worm», referencia directa a la forma de caminar de los fremen; lo mejor es que Christopher Walken, protagonista del videoclip y años después actor en Parte Dos, admitió que no tenía ni idea de a qué se refería.
Nausicaä, Horizon, Hyperion, Canción de hielo y fuego: aquí entramos en el territorio de los parecidos evidentes sin confesión de parte. Están ahí, se comentan en cada foro, y ninguno de sus autores lo ha confirmado expresamente.
En fin, ya lo veis, según esta tesis, Dune es un producto crucial en nuestra cultura popular, pero tomémoslo solo como eso, una hipótesis más que es interesante considerar… Todos los productos tienen su propio sentido y mérito y las influencias que seguro las hay, solo hacen que enriquecer todas esas obras…
El fandom y los debates
El fenómeno de 2024 fue de manual: los memes de «camina sin ritmo» inundaron TikTok y el cubo de palomitas con forma de gusano de arena de AMC se hizo viral por razones que un directivo de la cadena acabó lamentando en público, admitiendo que no lo habrían fabricado de haber previsto las bromas. Dune, sesenta años después, dando titulares por un envase de palomitas.
Debajo de la broma siguen vivos los dos grandes debates de la saga. El primero: ¿es Dune una celebración o una advertencia? Herbert fue explícito —en su ensayo «DuneGenesis» explicó que El mesías de Dune estaba diseñado como inversión deliberada del heroísmo de la primera novela— y aun así medio mundo sigue leyendo el libro como una epopeya triunfal. Villeneuve construyó su Parte Dos precisamente alrededor de esa incomodidad.
El segundo: el «salvador blanco». ¿Es Dune una reproducción del mito del forastero occidental que lidera a un pueblo racializado, o una subversión consciente de ese mito, dado que el ascenso de Paul desemboca en un genocidio? El debate está abierto en prensa y en la academia, con argumentos sólidos en los dos lados, y no se va a cerrar. Que una novela de 1965 siga generando esa discusión dice bastante de su vigencia.
Los herederos
Si hubiera que dibujar el árbol genealógico de la saga quedaría algo así:
Raíces: las dunas de Florence (Oregón) · The Sabres of Paradise de Lesley Blanch · Los siete pilares de la sabiduría de T. E. Lawrence · el sufismo y la terminología árabe · el ecologismo y la ciencia de la desertificación de los años sesenta · el feudalismo europeo y la novela histórica · la geopolítica del petróleo.
Tronco: Dune (1965) y las cinco novelas de Frank Herbert.
Ramas directas: el Dune imposible de Jodorowsky (y, a través de él, Alien y la estética espacial de los setenta) · el Dune de Lynch · las miniseries de Sci-Fi · la trilogía de Villeneuve · Dune: La Profecía · las diecisiete novelas de Brian Herbert y Kevin J. Anderson · la novela gráfica de Allén y Martín.
Descendencia: Star Wars · Warhammer 40.000 · el género RTS completo, vía Dune II · Nausicaä del Valle del Viento · Hyperion · Horizon · Canción de hielo y fuego · media estantería de ciencia ficción ecológica publicada desde entonces.
Pocas obras pueden presumir de haber cambiado a la vez la literatura, el cine y los videojuegos. Dune lo hizo sin proponérselo, y en el caso de los videojuegos ni siquiera hacía falta que la novela apareciera en pantalla.
Lo mejor de lo mejor
Si tuvieras que quedarte con una cosa de cada medio, estas serían.
Novela: Dune (1965) y El mesías de Dune (1969). La primera porque es el monumento y funciona igual de bien como aventura que como tratado sobre ecología y poder. La segunda porque es la que completa la idea: sin ella, Dune queda leída al revés, como la historia de un héroe que gana. Herbert escribió la secuela precisamente para impedir esa lectura, y hay que respetársela. Si hay hueco para una tercera, Dios emperador de Dune, por pura ambición: nadie más ha escrito un libro así.
Cine: Dune: Parte Dos (2024). Es la mejor película que ha dado la saga y una de las mejores adaptaciones literarias de la década: escala, tensión, un diseño de producción irrepetible y, sobre todo, la valentía de filmar el triunfo de su protagonista como una catástrofe. Y junto a ella, el Dune de David Lynch (1984), no porque funcione —no funciona—, sino porque es la única versión con una personalidad visual tan enferma y tan propia que cuarenta años después sigue siendo inconfundible.
Televisión: Frank Herbert’s Dune (2000). Con su presupuesto de saldo y sus decorados pintados, sigue siendo la adaptación más fiel a la letra del libro, y su continuación, Children of Dune, es hasta hoy la única vez que se ha llevado a imagen real lo que ocurre después. Dune: La Profecía es más vistosa, pero aún tiene que demostrar adónde va.
Cómic: Dune: la novela gráfica de Raúl Allén y Patricia Martín (Norma Editorial). Una adaptación seria, elegante y resuelta con una inteligencia visual notable en lo más difícil del libro, los monólogos interiores. Y como pieza de coleccionista, el Marvel Super Special nº 36 de 1984, por las páginas de Bill Sienkiewicz.
Videojuego: Dune II (1992), porque no hay discusión posible: fundó un género entero. Y Dune: Awakening (2025) como la mejor forma actual de pisar Arrakis, con un millón de copias vendidas en dos semanas que confirman que el desierto todavía tira.
Juego de mesa: Dune: Imperium (2020) por la elegancia con que encaja construcción de mazo y colocación de trabajadores, y el Dune de Avalon Hill (1979, reeditado en 2019) por ser una experiencia de traición y negociación que ningún juego moderno ha igualado. Dos joyas de épocas opuestas.
Dune hoy
Septiembre de 2026 es un momento extraño y estupendo para ser fan de Dune. En una misma semana de diciembre llega el cierre de la trilogía de Villeneuve; en otoño sale la expansión Conspiracy del mejor juego de mesa de la franquicia; el 22 de septiembre Dune: Awakening aterriza en consolas; en noviembre, Abrams publica la adaptación al cómic de El mesías de Dune; y la segunda temporada de La Profecía está rodada y esperando fecha.
Lo llamativo no es la cantidad de producto, que en cualquier franquicia grande se da por descontada, sino el hecho de que el centro de gravedad siga siendo el libro. Dune no funciona como un universo compartido que genera contenido: funciona como una novela que la gente sigue leyendo, y todo lo demás orbita alrededor. Sesenta años después, la mejor manera de entrar en la saga sigue siendo exactamente la misma que en 1965.
Y en diciembre, cuando Paul Atreides se siente en el trono y descubra que ganar era la peor de las opciones, veremos cuánta gente sale del cine entendiendo por fin lo que Frank Herbert llevaba avisando desde 1969.
Dune en nosolocomics
Hemos seguido esta saga desde mucho antes de que hubiera nada que enseñar:
- El remake de Dune podría estar cerca…, cuando todavía era un rumor.
- Confirmado: Denis Villeneuve dirigirá la nueva versión de Dune.
- Dune volverá al cine de la mano de Denis Villeneuve: últimos detalles.
- Premios Hugo 2026, el termómetro anual de la ciencia ficción que Dune ayudó a definir.
Y si te van los especiales largos, aquí tienes dos vecinos de estantería: el Especial El Señor de los Anillos y el Especial Star Trek.
Para saber más
- Empezar por el principio: la novela de Frank Herbert, en la edición que prefieras.
- El documental imprescindible: Jodorowsky’s Dune (2013), la mejor película sobre una película que no existe.
- Los libros de producción: The Art and Soul of Dune y su volumen para Parte Dos.
- Para el lector completista: El camino a Dune, con el material descartado y el artículo que originó todo.
- Para jugar: Dune: Imperium en la mesa, Dune: Awakening en la pantalla.
La especia debe fluir. Y este especial se irá actualizando: en diciembre, cuando se estrene Dune: Parte tres, y cada vez que Arrakis vuelva a dar señales de vida. Si es que después de este immenso trabajo, os quedan ganas para más…




