Hay sagas que se ven y sagas que se heredan. Star Wars pertenece al segundo grupo. Casi cincuenta años después de que un cartel de apertura con letras en amarillo empezara a alejarse sobre un fondo de estrellas, seguimos reconociendo esa respiración mecánica, un zumbido de láser y esas cuatro notas de John Williams sin necesidad de que nadie nos diga de qué estamos hablando. Nada en la cultura popular del siglo XX se ha colado tan hondo en el lenguaje común: decimos «el lado oscuro» en una reunión de trabajo, «hacemos o no hacemos, sin intentos» o sabemos que «que la Fuerza te acompañe» significa suerte.
Este especial es un recorrido completo por esa galaxia: las películas, las series, los personajes, los cómics, las novelas, los videojuegos, los juegos de mesa, las figuras y, sobre todo, lo que Star Wars le hizo al cine y a la cultura popular, que es probablemente su legado más grande.
Índice
- 1. Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana
- 2. George Lucas, el creador
- 3. La trilogía original
- 4. Las precuelas y su reevaluación
- 5. La trilogía de secuelas
- 6. Rogue One y Han Solo: la galaxia sin Jedi
- 7. La animación: donde Star Wars creció de verdad
- 8. La era Disney+: del western galáctico a Andor
- 9. Los personajes
- 10. Naves, diseño y sonido: la galaxia usada
- 11. Star Wars y la cultura popular: fandom, merchandising y religión laica
- 12. Los herederos: todo lo que Star Wars hizo posible
- 13. Canon y Legends: el universo expandido
- 14. Los cómics
- 15. Los videojuegos
- 16. Juegos de mesa y rol
- 17. Merchandising y coleccionismo
- 18. Lo mejor de lo mejor
- 19. Star Wars hoy
- 20. Star Wars en nosolocomics
- 21. Para saber más
1. Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana

Lo primero que hay que entender de Star Wars es que no es ciencia ficción, o al menos no lo es en el sentido en que lo son 2001 o Blade Runner. Es un cuento con naves espaciales que nos habla de imperios del mal, princesas y grandes héroes. George Lucas no quería especular sobre el futuro de la humanidad: quería recuperar la emoción de los seriales de aventuras que veía de niño, esos Flash Gordon de cartón piedra en los que un héroe salvaba a una princesa de un emperador con capa.
Por eso la película no empieza con una explicación, sino con una frase de cuento: «Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana…». Star Wars ocurre en el pasado, no en el futuro. Nadie explica cómo funciona el hiperespacio, ni de dónde sale la Fuerza, ni por qué hay caballeros con espadas en una civilización con naves interestelares. Y precisamente porque no lo explica, funciona: el espectador entra en ese universo como entra en un cuento, aceptando sus reglas sin pedir muchas explicaciones.
La otra clave está en la estructura. Lucas leyó a Joseph Campbell y su El héroe de las mil caras, y construyó la historia de Luke Skywalker sobre el esqueleto del monomito: la llamada a la aventura, el mentor, el umbral, la prueba, el abismo, el retorno. Ese armazón mítico es lo que hace que una película de robots parlanchines y bichos peludos emocione igual en 1977 que en 2026, y a un niño de ocho años igual que a su abuelo.
Y hay una tercera pata de la que se habla menos: el tono. Star Wars es una space opera que se toma en serio a sí misma sin ser solemne. Tiene humor, tiene un contrabandista cínico legendario, tiene un robot que insulta a otro robot, y a la vez tiene padres que mutilan a sus hijos y planetas que revientan con millones de personas dentro. Ese equilibrio entre la aventura luminosa y la tragedia shakespeariana es la receta secreta, y es la que casi nadie ha conseguido replicar.
2. George Lucas, el creador

En 1973 George Lucas era un director joven con una película de ciencia ficción fría (THX 1138) y un taquillazo generacional (American Graffiti) a sus espaldas. Quería rodar Flash Gordon, no consiguió los derechos y decidió inventarse el suyo. El guion pasó por cuatro borradores casi irreconocibles entre sí, con nombres que bailaban de un personaje a otro y un protagonista que llegó a ser una princesa, un anciano general y un chaval de granja antes de quedarse en Luke.
La producción de La guerra de las galaxias (1977) fue una epopeya con final feliz. Rodaje en Túnez con tormentas de arena, robots que no funcionaban, un equipo británico convencido de estar haciendo una tontería, un estudio (20th Century Fox) que no entendía nada y un Lucas hospitalizado por agotamiento y que, durante mucho tiempo, fue casi el único que creyó en un proyecto que haría historia en el cine y en el arte de contar historias. Dos decisiones salvaron la película:
- Fundar Industrial Light & Magic. Como los efectos que necesitaba no existían, Lucas montó su propia empresa para inventarlos. De ahí salió el motion control, la cámara controlada por ordenador que permitía repetir un movimiento exacto tantas veces como hiciera falta y componer batallas espaciales creíbles. ILM acabó siendo la casa de efectos más influyente de la historia del cine.
- El montaje. El primer corte era, por consenso, un desastre. Marcia Lucas —montadora, ganadora del Óscar por la película y durante mucho tiempo la gran olvidada del relato oficial—, junto a Paul Hirsch y Richard Chew, reconstruyó el ritmo del tercer acto y convirtió el ataque a la Estrella de la Muerte en la secuencia de acción modelo de los siguientes cincuenta años.
A eso hay que sumar dos apuestas que parecían caprichos y resultaron visionarias: contratar a John Williams para escribir una partitura sinfónica wagneriana cuando el cine de los 70 iba de rock y jazz, y renunciar a medio millón de dólares de sueldo a cambio de quedarse con los derechos de secuelas y merchandising. Aquella cláusula, que la Fox firmó encantada creyendo que regalaba humo, es probablemente el mejor negocio de la historia de Hollywood.
Lucas es un caso raro: un cineasta al que se le da mejor construir mundos y empresas que dirigir actores. Sus diálogos son rígidos, su dirección de intérpretes es floja y él mismo lo ha admitido, no le gusta trabajar con actores. Pero su intuición para el diseño, el montaje, el sonido y la tecnología es de otra liga, y su independencia —financió El Imperio contraataca con su propio dinero para no depender del estudio— le permitió hacer exactamente la película que quería. En 2012 vendió Lucasfilm a Disney por 4.050 millones de dólares y destinó buena parte a educación. Después de eso, ha sido el crítico más honesto de su propia obra y el más generoso con quienes la continúan.
3. La trilogía original
Una nueva esperanza (1977)
Un granjero huérfano, un anciano loco del desierto, un contrabandista con deudas y una princesa que no necesita que la rescaten. Con eso y con una nave que parece un cacharro de segunda mano, Lucas cambió el cine. Una nueva esperanza no es la mejor película de la saga, pero sí la más importante: inauguró el blockbuster de verano, el merchandising moderno, los efectos digitales y la idea de que una película podía ser una franquicia.
El Imperio contraataca (1980)
La obra maestra. Lucas cedió la dirección a Irvin Kershner y el guion a Leigh Brackett (veterana del cine negro y de la ciencia ficción pulp) y Lawrence Kasdan, y el resultado es una película más adulta, más oscura y mejor escrita que su predecesora. Los héroes pierden. El maestro es un duende verde que habla raro. El villano es el padre. Y termina con la victoria del Imperio y un amigo congelado en carbonita.
Que la segunda entrega de una saga familiar se atreva a acabar en derrota sigue siendo, cuarenta y cinco años después, una decisión valiente. El Imperio es la película que convirtió Star Wars en algo más que un juguete: la que le dio peso trágico.
El retorno del Jedi (1983)

La entrega más discutida de las tres y, aun así, la que cierra el arco con el gesto más bonito de toda la saga: Luke no vence a su padre matándolo, sino negándose a matarlo. Tirar el sable y declararse Jedi es el momento en que Star Wars deja claro que su tema no es la guerra, sino la redención… y eso nos gusta… Lo de los Ewoks ha llovido mucho sobre ello; el duelo del trono, la actuación de Ian McDiarmid y la batalla de Endor siguen intactos.
Si quieres revisarlas en condiciones: la trilogía original en 4K Ultra HD y la saga Skywalker completa.
4. Las precuelas y su reevaluación
Entre 1999 y 2005, Lucas volvió para contar cómo un niño esclavo de Tatooine acabó dentro de una armadura negra. Las precuelas llegaron con la expectativa más alta de la historia del cine moderno y se estrellaron contra ella: diálogos de madera, un protagonista infantil que sacaba de quicio, un acompañante digital torpe y exasperante (ni siquiera mencionamos el nombre aquí, que todos lo sabéis), escenas de política comercial galáctica y un uso del digital que en 1999 parecía el futuro y en 2005 ya parecía plástico.
Y sin embargo, veinte años después, la reevaluación ha sido total. La generación que creció con ellas las defiende sin complejos, y no solo por nostalgia: hay argumentos.
- La ambición temática es enorme. La historia que cuentan no es la caída de un chaval, es la de una democracia que vota su propia desaparición aplaudiendo. «Así es como muere la libertad, con un estruendoso aplauso» y esa es una frase que ha envejecido de forma inquietante…
- El diseño de producción es excepcional. Coruscant, Naboo, Kamino, Geonosis, Mustafar: cada planeta tiene una identidad visual y una arquitectura coherentes. Frente a la galaxia usada y sucia de la trilogía original, la República es reluciente y barroca, y esa diferencia cuenta algo.
- Los duelos de sable cambiaron el género. Nick Gillard coreografió un estilo acrobático que convirtió las peleas en danza. El duelo de Darth Maul en La amenaza fantasma, con «Duel of the Fates» de Williams encima, es de lo mejor que ha hecho la saga.
- Dieron material a todo lo demás. Sin las precuelas no existen The Clone Wars, ni Ahsoka, ni el Imperio como maquinaria política, ni la mitad del universo expandido moderno.
El ataque de los clones (2002) sigue siendo la más floja del conjunto —el romance no funciona—, aunque a algunos nos gusta, pero contiene el giro que sostiene toda la saga: el ejército de la República lo pagó el enemigo. Y La venganza de los Sith (2005) es, directamente, buena: la única película de Star Wars que es una tragedia de principio a fin y que se permite terminar con el bien absolutamente derrotado.
En casa: las precuelas en 4K Ultra HD y La venganza de los Sith.
5. La trilogía de secuelas

Disney compró Lucasfilm en 2012 y tres años después estrenaba El despertar de la Fuerza (2015), la película que devolvió Star Wars a los cines con una fuerza arrolladora: más de 2.000 millones de dólares y la sensación, por fin, de estar viendo de verdad otra película de Star Wars, con decorados físicos, criaturas de látex y un Halcón Milenario volando sobre la arena de Jakku. J. J. Abrams hizo un remake emocional del episodio IV y funcionó como reencuentro, aunque a costa de repetir estructura.
Los últimos Jedi (2017) es la película más arriesgada que Disney ha hecho con la marca y la que más ha dividido al fandom. Rian Johnson cogió las expectativas del espectador y las tiró por un acantilado: el maestro legendario es un viejo amargado, el linaje no importa, el villano es un crío herido y el heroísmo suicida no siempre sirve de nada. Con los años ha ganado defensores —es visualmente deslumbrante y temáticamente la más rica de las tres—, aunque su ruptura dejó la trilogía sin rumbo común.
El ascenso de Skywalker (2019) cerró la saga de nueve episodios a la carrera, deshaciendo decisiones de la anterior y resucitando a Palpatine para tener un final grande. Es la más discutible del bloque, pero le debemos el cierre del arco de Rey y Kylo Ren y una despedida en condiciones de Leia, con Carrie Fisher ya fallecida, montada a partir de material inédito.
De todas maneras, aquí nosolocomics tiene que decir que su impresión de esta trilogía no es especialmente buena, y a nosotros, más allá de la espectacularidad, nos parece la más floja de las tres y un indigno legado de aquella trilogía original que aun ahora, ya no tan niños, nos sigue maravillando. Un guión, cuando menos complejo, una percepción de que parece que es necesario forzar la máquina y las apariciones, como teniendo la sensación de que la película tiene que demostrar algo y pretende compararse con un mito en lugar de seguir su propia narrativa… en fin, está bien tener más Star Wars, pero así…
En casa: la trilogía de secuelas en 4K y El despertar de la Fuerza.
6. Rogue One y Han Solo: la galaxia sin Jedi

Rogue One: Una historia de Star Wars (2016) es, para mucha gente, la mejor película de Star Wars de la era Disney, y con razón (y estamos de acuerdo). Es una película bélica sobre gente anónima que muere para que otros ganen; no hay Jedi, no hay linajes, no hay elegidos. Solo espías, desertores, fanáticos y un sacrificio colectivo. Su último acto —la playa de Scarif, el pasillo del abordaje, Vader avanzando en la oscuridad— es probablemente el mejor tramo final de la saga. Y encaja con el minuto cero del episodio IV como una pieza de relojería.
Han Solo: Una historia de Star Wars (2018) tuvo un rodaje accidentado (Lord y Miller fuera, Ron Howard dentro) y un estreno con mala fortuna, pero el tiempo la ha tratado bien: es una película de atracos simpática, con un Lando estupendo de Donald Glover, la mejor Kessel Run que podíamos pedir y un cameo final que solo entiende quien viene de las series animadas.
En casa: Rogue One en 4K · Han Solo: Una historia de Star Wars.
7. La animación: donde Star Wars creció de verdad

Durante casi quince años, lo mejor que se estaba haciendo con Star Wars no estaba en los cines: estaba en la televisión, en dibujos animados que mucha gente adulta se saltó por prejuicio. Un error histórico.
The Clone Wars (2008-2014, 2020) empezó como una serie infantil irregular y acabó convertida en la columna vertebral del universo. Dave Filoni, formado directamente por Lucas, usó las Guerras Clon para hacer lo que las precuelas no pudieron: dar personalidad a los clones (Rex, Fives, Echo), humanizar a Anakin, construir una galaxia política llena de matices y, sobre todo, crear a Ahsoka Tano, la aprendiz que el cine nunca tuvo y que hoy es uno de los tres o cuatro personajes más queridos de toda la franquicia. Su temporada final, rescatada por Disney+ en 2020, con el arco del Asedio de Mandalore y la Orden 66 vista desde dentro, es de lo mejor que ha producido Star Wars en cualquier formato.
Rebels (2014-2018) es la puerta de entrada perfecta: una tripulación pequeña, un tono más ligero y un crecimiento espectacular hasta un tramo final magnífico, con la mejor versión audiovisual del Gran Almirante Thrawn y un duelo entre Ahsoka y Vader que pone la piel de gallina.
La mala remesa (2021-2024) cerró su historia el 1 de mayo de 2024 con tres temporadas dedicadas a un escuadrón de clones defectuosos y a la infancia de Omega, y sirvió para contar el nacimiento del Imperio desde abajo: el papeleo, los despidos, la sustitución de los clones por reclutas.
Visions es el experimento más libre de la franquicia: cortos de autor en los que estudios de animación —sobre todo japoneses— cuentan lo que les da la gana sin atarse al canon. El Volumen 3 (29 de octubre de 2025) volvió a estar íntegramente en manos de estudios de anime (Trigger, Production I.G, Wit, Polygon) y arrasó con la crítica. Y de ahí ha salido Star Wars: Visions presenta — La jedi número 9, serie completa de Production I.G estrenada el 5 de agosto de 2026 en Disney+: la prueba de que Star Wars aguanta perfectamente que otros lo cuenten a su manera.
En casa: The Clone Wars en DVD y Blu-ray · Star Wars Rebels.
8. La era Disney+: del western galáctico a Andor

The Mandalorian
En noviembre de 2019, Jon Favreau y Filoni estrenaron la primera serie de imagen real de Star Wars y, de paso, reordenaron la franquicia entera. The Mandalorian funcionó porque hizo lo contrario de lo que se esperaba: nada de Skywalkers, nada de destinos galácticos. Un cazarrecompensas taciturno, un episodio por semana, estructura de western y samurái, y un bebé verde que se convirtió en el fenómeno pop más grande de la década, casi nada…
También fue un salto técnico: el StageCraft —el «Volumen», esa pantalla LED envolvente que proyecta entornos en tiempo real— cambió la forma de rodar televisión de género en todo el mundo. Otra vez Lucasfilm inventando la herramienta que necesitaba, como con ILM cuarenta años antes.
Andor: la cima
Y entonces llegó Tony Gilroy e hizo algo que nadie había intentado: una serie de Star Wars para adultos, sin sables láser, sin la Fuerza y casi sin guiños. Andor (2022-2025) es un thriller político sobre cómo se fabrica una revolución: el trabajo administrativo del fascismo, las cárceles productivas, los infiltrados, la gente normal que un día decide que ya está bien. El discurso de Maarva, el monólogo de Luthen sobre «quemar mi vida para hacer un amanecer que sé que no veré», el motín de Narkina 5: televisión de primer nivel, se llame como se llame.
Su segunda y última temporada se emitió entre el 22 de abril y el 13 de mayo de 2025, enlazando directamente con Rogue One, y se llevó 5 premios Emmy de 14 nominaciones —guion, vestuario, diseño de producción, montaje y efectos visuales— además de un Peabody. Star Wars ganando premios de prestigio por escribir bien: eso también es nuevo.
El resto de la parrilla
- El libro de Boba Fett (2021-2022): irregular, con dos episodios prestados a Mando que son los mejores.
- Obi-Wan Kenobi (2022): el reencuentro de Ewan McGregor y Hayden Christensen, con un duelo final que justifica la serie entera.
- Ahsoka (2023): la continuación en imagen real de Rebels, con Rosario Dawson y un Thrawn de carne y hueso. La temporada 2 llega el 20 de enero de 2027, con Rory McCann sustituyendo al fallecido Ray Stevenson como Baylan Skoll.
- Star Wars: Tripulación perdida (2024): Star Wars en clave de aventura infantil ochentera, con Jude Law de pirata.
- Maul: Señor de las sombras (6 de abril a 4 de mayo de 2026): el gran éxito reciente. Diez episodios animados de Filoni y Matt Michnovetz, con Sam Witwer devolviendo la voz a Maul, un 98% de crítica en Rotten Tomatoes, número uno mundial en Disney+ y segunda temporada ya confirmada para 2027.
Para seguir las series: El arte de The Mandalorian y el libro de arte de Andor.
9. Los personajes

Darth Vader
El mejor villano de la historia del cine, y no es una exageración cómoda: en 2003 el American Film Institute lo colocó entre los tres primeros de su lista. Vader es un prodigio de diseño colectivo —la máscara de Ralph McQuarrie inspirada en un casco samurái, el cuerpo de David Prowse, la voz de James Earl Jones, la respiración de Ben Burtt grabada de un regulador de buceo, la esgrima de Bob Anderson— y, sobre todo, el personaje que convierte la saga en una tragedia familiar. Su recorrido completo, de niño esclavo a padre que muere salvando a su hijo, es el esqueleto de los nueve episodios.
Luke Skywalker
El héroe clásico, y el que más lejos llega. Luke empieza siendo un chaval aburrido que mira dos soles y termina siendo el hombre que salva a su padre negándose a luchar contra él. Mark Hamill lo interpretó con una ingenuidad que en 1977 parecía simple y que hoy se lee como lo que era: la única manera de que el personaje creciera de verdad durante tres películas. Su versión mayor y desengañada de Los últimos Jedi es la más discutida de la saga y, con el tiempo, la más interesante: un maestro que ha fallado y tiene que decidir si la leyenda sirve de algo. Hamill, además, es una de las grandes voces del doblaje de animación —su Joker es legendario—, y su relación con el fandom de Star Wars, a base de ironía y cariño, es parte del encanto del personaje.
Leia Organa
La mejor escrita de los tres. Leia no es la princesa a la que rescatan: es la que coge el bláster, insulta a sus rescatadores y organiza la fuga mientras los chicos discuten, y eso en 1977. Es senadora, espía, líder de la Rebelión y, más tarde, generala de la Resistencia; la saga nunca la trata como premio romántico sin darle antes una agenda propia. Carrie Fisher le puso una mezcla de autoridad y mala leche que marcó a dos generaciones de espectadoras, y fuera de la pantalla fue guionista, escritora y una de las voces más honestas de Hollywood sobre salud mental y sobre la propia industria. Su despedida en El ascenso de Skywalker, montada con material inédito tras su muerte en 2016, es lo más emotivo de la trilogía de secuelas.
Han Solo
El contrapeso cínico sin el cual la saga sería insoportablemente solemne. Han es el que dice que la Fuerza son tonterías, el que solo quiere cobrar y largarse y el que, en el último momento, da la vuelta con el Halcón para que Luke pueda disparar. Ese gesto —elegir volver cuando nadie te obliga— es su arco entero, y la saga lo repite con él una y otra vez. Harrison Ford inventó aquí el arquetipo de canalla con corazón que después han copiado desde Indiana Jones hasta Star-Lord, y su química con Fisher sostiene la mitad del humor de la trilogía original. Su final en El despertar de la Fuerza, a manos de su propio hijo, es el momento en que la nueva trilogía deja claro que va en serio.
Obi-Wan Kenobi y Yoda
El mentor duplicado: Alec Guinness le dio a Obi-Wan una dignidad melancólica que Ewan McGregor recogió con enorme respeto, y Yoda demostró que un muñeco de espuma manejado por Frank Oz podía ser el personaje más sabio y más triste de la función.
Ahsoka Tano
El caso más interesante de la franquicia: un personaje nacido en unos dibujos animados, odiado en su debut, que acabó convirtiéndose en el corazón moral del universo. Ahsoka es la única que abandona la Orden Jedi por decisión propia y con razón, y eso la hace más moderna que cualquier maestro del Consejo.
Los villanos
Palpatine (un Ian McDiarmid que se lo pasa en grande), Darth Maul (diez minutos en pantalla en 1999 y una segunda vida gloriosa en la animación que culmina en su propia serie en 2026), Thrawn (el estratega que gana con arte y psicología, creado por Timothy Zahn en 1991), Kylo Ren (el nieto que quiere ser el abuelo y no le sale) y Boba Fett, el ejemplo definitivo de cómo el diseño y el silencio pueden crear un icono con cuatro frases de diálogo.
10. Naves, diseño y sonido: la galaxia usada
La aportación estética más importante de Star Wars tiene nombre: el «used universe», la galaxia usada. Hasta 1977, el futuro en el cine era blanco, limpio y aséptico. Lucas decidió que sus naves tendrían abolladuras, manchas de grasa, paneles remendados y averías. El Halcón Milenario es un camión viejo que casi nunca arranca a la primera. Esa sola decisión —que el universo parezca habitado y no recién estrenado— es la que copiaron después Alien, Blade Runner, Firefly, Battlestar Galactica y prácticamente toda la ciencia ficción posterior.

Tres nombres propios sostienen esa galaxia:
- Ralph McQuarrie, el ilustrador conceptual cuyas pinturas vendieron la película al estudio antes de que existiera un solo fotograma. Vader, C-3PO, R2-D2, los soldados de asalto: casi todo lo que reconocemos salió de su pincel.
- Ben Burtt, el diseñador de sonido que inventó un idioma. El zumbido del sable es un proyector de cine más la interferencia de un televisor; el láser, un cable tensado golpeado con un martillo; Chewbacca, una mezcla de oso, morsa y camello. Burtt convirtió el sonido en narración, y el Óscar que ganó abrió la puerta al diseño sonoro como disciplina artística.
- John Williams, que escribió el leitmotiv más reconocible del siglo XX y, de paso, resucitó la orquesta sinfónica en Hollywood. «La marcha imperial», «Duel of the Fates», el tema de Leia o el de Rey son personajes por derecho propio.
Y luego están las naves, que son personajes: el Halcón Milenario, los X-Wing y los TIE (con su alarido inolvidable, un chillido de elefante procesado), los destructores estelares que entran por arriba del plano durante nueve segundos eternos, los AT-AT de Hoth. Siluetas diseñadas para que un niño pueda reconocerlas en negro sobre blanco, que es exactamente el mismo criterio con el que se diseñan los logotipos.
11. Star Wars y la cultura popular: fandom, merchandising y religión laica
Si Star Wars solo hubiera sido una buena película de aventuras, hoy estaría en la estantería junto a En busca del arca perdida. Lo que la convierte en un caso único es todo lo que cambió fuera de la pantalla.
El nacimiento del blockbuster
Tiburón (1975) inventó el estreno masivo de verano; Star Wars lo industrializó. A partir de 1977, Hollywood dejó de pensar en películas y empezó a pensar en franquicias: secuelas planificadas, líneas de juguetes, bandas sonoras que venden discos, novelizaciones, parques temáticos. El modelo de negocio del cine actual —dos o tres tentpoles al año que pagan todo lo demás— nace aquí. Es también el reproche más habitual que se le hace a Lucas: haber abierto la puerta a la infantilización del cine comercial. Ambas cosas son ciertas a la vez.
El merchandising como industria
La historia del Early Bird Certificate Package de Kenner, en la Navidad de 1977, es el mito fundacional del coleccionismo moderno: no había figuras fabricadas a tiempo, así que Kenner vendió una caja vacía con un vale para recibirlas por correo meses después. Y la gente la compró a millones.
Aquellas figuras de 3,75 pulgadas fijaron el estándar de toda la industria del juguete de cine, y el acuerdo por el que Lucas se quedó los derechos de merchandising convirtió Lucasfilm en una máquina de licencias. Hoy Star Wars es probablemente la franquicia de merchandising más rentable de la historia, muy por encima de lo que han recaudado nunca sus películas: juguetes, LEGO, videojuegos, ropa, literatura, parques (Galaxy’s Edge en Disneyland y Disney World) y hasta un hotel temático.
El fandom como fenómeno social
Star Wars no inventó el fandom —eso fue Star Trek con sus convenciones de los años 70—, pero sí lo convirtió en algo masivo y transgeneracional. Colas de días enteros para una entrada, disfraces caseros, la 501st Legion (la legión de soldados imperiales voluntarios que hace obra benéfica y que Lucasfilm acabó canonizando), el 4 de mayo convertido en día mundial de la saga por un juego de palabras, el fenómeno de las convenciones, el fan-film, el cosplay, las teorías, las ediciones «despecialized» que los fans montaron para recuperar las versiones originales de 1977.
También su lado feo, que conviene no idealizar: campañas de acoso a actores y actrices, guerras de trincheras entre defensores y detractores de cada trilogía, y un sector que confunde la propiedad emocional con la propiedad real. Star Wars ha sido, durante cincuenta años, el mejor laboratorio para estudiar cómo una comunidad de aficionados se organiza, se quiere y se pelea.
Una mitología laica
En los censos de Reino Unido, Australia y Nueva Zelanda, cientos de miles de personas han declarado «jedi» como religión. Es una broma, evidentemente, pero una broma reveladora: Lucas construyó a partir de Campbell un relato moral —la tentación, la caída, la redención, el equilibrio— lo bastante universal como para que funcione como mitología compartida en sociedades que ya no comparten muchas otras. Que «el lado oscuro» sea una expresión de uso corriente en cualquier idioma dice más del alcance de Star Wars que cualquier cifra de taquilla.
12. Los herederos: todo lo que Star Wars hizo posible
Star Wars no salió de la nada y no se quedó sola. Viene de una tradición muy concreta y ha generado una descendencia enorme, a veces por imitación directa y a veces por reacción.
De dónde viene
- Ahora os sorprenderéis, esta es una parte del especial que me gusta especialmente:
- Flash Gordon y Buck Rogers (los seriales de los años 30): la estructura por episodios, el cartel de apertura, los cortes de iris y los limpiaparabrisas entre escenas, el emperador malvado y la aventura sin complejos.
- Akira Kurosawa: La fortaleza escondida (1958) le da la idea de contar una guerra desde el punto de vista de dos campesinos —C-3PO y R2-D2—, además del maestro-guerrero, el duelo con sable y el corte de escena en barrido. Los Jedi son samuráis, y su nombre viene del jidaigeki.
- El western: John Ford y Centauros del desierto están en la granja quemada de Tatooine plano por plano, y la cantina de Mos Eisley es un saloon.
- Joseph Campbell y el monomito, la leyenda del héroe: el andamiaje narrativo.
- El cine bélico: los combates de cazas están literalmente montados sobre metraje de Escuadrón 633 y La batalla de Inglaterra.
- Frank Herbert y Dune: el desierto, el gusano, las especias como recurso galáctico, los poderes mentales de una orden casi religiosa. Lucas nunca ocultó la deuda.
- Metrópolis, El triunfo de la voluntad y la iconografía nazi: C-3PO viene claramente del robot de Fritz Lang; la ceremonia final del episodio IV, de Riefenstahl; y «Imperio», «stormtroopers» y esos uniformes grises no son casualidad.
Qué dejó detrás
La influencia se puede medir en tres capas. La primera es la imitación inmediata: Galáctica: Estrella de combate (1978), Buck Rogers: El aventurero del espacio, Starfighter: La aventura comienza, Los siete magníficos del espacio, Flash Gordon (1980) o la carrera espacial de la serie B italiana; todo el mundo quiso su space opera.
La segunda es la influencia estructural, la que de verdad cuenta: sin el «used universe» de Star Wars no existen Alien, Blade Runner, Firefly, el reboot de Battlestar Galactica ni The Expanse. Sin su modelo de franquicia no existen Marvel Studios, Harry Potter, El Señor de los Anillos de Jackson ni Jurassic Park como fenómenos. Sin ILM no existe la industria de efectos visuales tal y como la conocemos: de ahí salieron Pixar (la división de gráficos por ordenador que Lucas vendió a Steve Jobs), el software de montaje digital y media revolución técnica de los 90.
La tercera es la descendencia creativa declarada: Guardianes de la Galaxia es Star Wars con banda sonora de los 70; Avatar es la aventura de otro mundo con la misma estructura mítica; Mass Effect, Halo, Warhammer 40.000, Destiny o Starfield beben directamente de su imaginario; Stranger Things y buena parte de la nostalgia ochentera se construyen sobre los niños que jugaban con figuras de Kenner; y Dune de Villeneuve (2021) llega a los cines por una puerta que Star Wars dejó abierta, aunque Herbert estuviera antes.
Y hay un heredero menos evidente: el propio fandom del cine. La idea de que un espectador puede conocer un universo de ficción con detalle enciclopédico, discutirlo, ampliarlo y sentirlo suyo es, en la cultura de masas moderna, en gran medida invención de Star Wars.
13. Canon y Legends: el universo expandido
Durante casi veinte años, entre El retorno del Jedi y las precuelas, Star Wars siguió vivo sobre todo en papel. El llamado Universo Expandido continuó la historia después de Endor con novelas, cómics y videojuegos que tenían su propia continuidad vigilada con celo.
La pieza fundacional es la trilogía de Thrawn de Timothy Zahn, que arranca con Heredero del Imperio (1991). Aquel libro, que se plantó en el número uno de ventas del New York Times, resucitó comercialmente la franquicia en un momento en que Star Wars parecía cosa del pasado, e introdujo a Mara Jade, a los Nuevos Jedi y al mejor villano de la saga escrita: el Gran Almirante Thrawn.
El 25 de abril de 2014, Lucasfilm anunció que todo aquel material dejaba de ser canónico y pasaba a llamarse Legends. Fue una decisión dolorosa para varias generaciones de lectores, pero comprensible: la nueva trilogía necesitaba espacio narrativo. Desde entonces el canon lo supervisa el Lucasfilm Story Group y lo componen las películas, las series, los cómics de Marvel y las novelas publicadas a partir de esa fecha.
Lo interesante es que la frontera se ha ido volviendo porosa: Thrawn regresó al canon de la mano del propio Zahn con Thrawn (2017), Alliances, Treason y la trilogía Thrawn Ascendancy; Maul, Ahsoka, los Inquisidores o la propia estética del Imperio de Rebels han ido absorbiendo ideas de Legends.
Por dónde empezar
- Legends imprescindible: la Trilogía de Thrawn (Zahn), Imperio oscuro, La Nueva Orden Jedi y El Legado de la Fuerza, además del Tales of the Jedi de Dark Horse para la Antigua República.
- Canon actual: la trilogía Thrawn, la serie La Alta República —la mejor iniciativa editorial de la era Disney, con una época propia doscientos años antes de las películas—, Catalizador como antesala de Rogue One y la trilogía Reinado del Imperio, arrancada por Alexander Freed con La máscara del miedo (The Mask of Fear) (2025) y continuada por Rebecca Roanhorse con Edge of the Abyss (todavía sin edición española) el 15 de septiembre de 2026.
- En España, la línea de novelas la publica Planeta Cómic, con cerca de ochenta títulos en catálogo. Novedades recientes: La Fuerza Viva de John Jackson Miller (febrero de 2026), la edición de lujo de Heredero del Imperio (abril de 2026), Maestro del mal de Adam Christopher y Reinado del Imperio nº1: La máscara del miedo (septiembre de 2026).
Heredero del Imperio, de Timothy Zahn · novelas de La Alta República · la trilogía Thrawn del canon · La máscara del miedo · la trilogía Thrawn Ascendancy · el catálogo de novelas de Planeta
14. Los cómics
Star Wars y el cómic llevan juntos desde el minuto uno, y de hecho el cómic salvó a Marvel: en 1977, la editorial estaba en apuros y la licencia de Star Wars —que casi nadie quería— se convirtió en un superventas que le dio oxígeno durante años. Aquella colección clásica (1977-1986, 107 números) se inventó medio universo expandido sobre la marcha, con aciertos delirantes como Jaxxon, el conejo verde contrabandista.
Las tres etapas
- Marvel (1977-1986): la adaptación de las películas y una etapa propia disparatada y encantadora, con Archie Goodwin, Al Williamson y un joven Walter Simonson.
- Dark Horse (1991-2014): la etapa adulta. Imperio oscuro (Dark Empire) relanzó la marca en cómic; Tales of the Jedi creó la Antigua República que después heredarían los videojuegos; y Legado (Legacy), de John Ostrander y Jan Duursema, es sencillamente el mejor cómic de Star Wars que se ha hecho: ciento treinta años después de Endor, con un descendiente de los Skywalker convertido en chatarrero drogadicto.
- Marvel otra vez (2015-hoy): con la compra de Disney, la licencia vuelve a casa. Lo mejor de esta etapa es Darth Vader de Kieron Gillen y Salvador Larroca —que además regaló a la franquicia a la arqueóloga canalla Doctora Aphra, el mejor personaje creado en cómic en décadas— y la Darth Vader de Charles Soule y Camuncoli.
Dónde está la línea en 2026
El año ha sido tranquilo en Estados Unidos: Marvel ha apostado por miniseries cortas en vez de colecciones largas y la estrategia no ha terminado de cuajar. En 2026 se han publicado Shadow of Maul (miniserie cerrada en julio), Galaxy’s Edge: Echoes of the Empire y The High Republic Adventures: Pathfinders, y sigue en marcha The Fall of Kylo Ren (aún sin edición española) de Charles Soule, además de la adaptación de El libro de Boba Fett que cierra en noviembre.
En España la casa es Planeta Cómic, que este año ha puesto en el mercado Historias de la Estrella de la Muerte, el segundo volumen de los Clásicos Marvel USA en cartoné sobredimensionado, una nueva serie de Doctora Aphra, el cuarto tomo de Legado y el integral de Thrawn.
Darth Vader de Gillen y Larroca · Doctora Aphra · Legado, de Ostrander y Duursema · Clásicos Marvel USA · Imperio oscuro · los cómics de La Alta República · los integrales de Planeta
15. Los videojuegos

Pocas licencias han dado tantos videojuegos buenos, y ninguna ha dado tantos géneros distintos. Star Wars ha sido simulador de vuelo, shooter táctico, RPG, aventura gráfica, estrategia, mundo abierto y hasta juego de carreras.
Los clásicos que hay que jugar
- TIE Fighter (1994): el mejor simulador espacial de la historia, y encima jugando en el bando imperial. Todavía hoy no hay nada igual.
- Knights of the Old Republic (Caballeros de la Antigua República, BioWare, 2003) y KOTOR II (Obsidian, 2004): el mejor RPG de la licencia y uno de los mejores giros argumentales de la historia del medio. La secuela de Obsidian, más filosófica y amarga, es la que mejor ha envejecido.
- Jedi Knight: Dark Forces II (1997) y Jedi Outcast (2002): el combate con sable que todos queríamos.
- Rogue Squadron II: Rogue Leader (2001): el ataque a la Estrella de la Muerte en tu casa.
- Republic Commando (2005): shooter táctico de escuadra, seco y estupendo.
- Battlefront II (Pandemic, 2005) y Battlefront II (DICE, 2017): el primero por la campaña del clon 501; el segundo por ser, después de arreglarlo, uno de los multijugadores más bonitos que existen.
La generación actual
Star Wars Jedi: Fallen Order (2019) y Jedi: Survivor (2023) son la mejor aportación moderna: un soulslike accesible con un protagonista, Cal Kestis, que arrastra el trauma de la Orden 66. La tercera entrega no está anunciada oficialmente —solo hay rumores de un Cal más mayor—, así que de momento toca esperar.
Star Wars Outlaws (Massive/Ubisoft, 2024) cumplió un sueño viejo: el primer mundo abierto de la saga, en el que juegas a ser una granuja de poca monta entre sindicatos criminales. Arrancó regular y ha ido mejorando mucho a base de parches y del DLC A Pirate’s Fortune (mayo de 2025); desde septiembre de 2025 está también en Nintendo Switch 2.
Y la gran novedad del año 2026: Star Wars Zero Company, el táctico por turnos de Bit Reactor y Respawn ambientado en las Guerras Clon —un XCOM en la galaxia, básicamente—, lanzado el 27 de agosto de 2026 en PS5, Xbox Series y PC. Para octubre queda Star Wars Galactic Racer (6 de octubre de 2026), que recoge el testigo de las carreras de vainas.
En el capítulo de «sigue ahí, pero sin fecha»: el remake de Knights of the Old Republic continúa en desarrollo en Saber Interactive —lo confirmó Tim Willits en marzo de 2026, sin más detalles—, Star Wars: Fate of the Old Republic fue anunciado en The Game Awards de diciembre de 2025 con Casey Hudson, director del KOTOR original, al frente, y Star Wars Eclipse de Quantic Dream sigue envuelto en rumores de problemas de desarrollo.
Star Wars Jedi: Survivor · Star Wars Outlaws · Star Wars Zero Company · Battlefront II · Knights of the Old Republic · Galactic Racer
16. Juegos de mesa y rol
La mesa es, desde hace una década, uno de los territorios más sanos de la franquicia, aunque 2026 ha traído movimientos importantes.
Juegos de mesa
- Star Wars: Unlimited (Fantasy Flight, 2024) es la gran historia de éxito reciente: un juego de cartas coleccionables de reglas elegantes que ha conseguido lo que muchos daban por imposible, plantar cara a los gigantes del sector. Este año han salido A Lawless Time (marzo de 2026) y Ashes of the Empire / Cenizas del Imperio (julio de 2026), con Homeworlds cerrando el año y edición en castellano de Asmodee.
- Star Wars: Rebellion (2016) sigue siendo el juego definitivo para vivir la Guerra Civil Galáctica entera: asimétrico, largo, épico. Si solo vas a tener un juego de mesa de Star Wars, es este.
- El Borde Exterior (Outer Rim, 2019) para jugar a ser contrabandista, Imperial Assault (2014) para las campañas tácticas —aunque lleva años sin contenido nuevo— y el veterano X-Wing para combate de escuadrones.
- Miniaturas: Atomic Mass Games cerró el desarrollo de X-Wing y Armada en junio de 2024, y en febrero de 2026 anunció que Shatterpoint pasa a ser una línea de mantenimiento tras superar los 130 personajes. La apuesta de la casa es ahora Star Wars: Legión, el juego de batallas a escala 32 mm, que concentra los recursos tras la reestructuración de Asmodee de febrero de 2026.
Rol
El rol de Star Wars tiene tres eras. La de West End Games (sistema d6, desde 1987) es legendaria: sus manuales inventaron tanto trasfondo que Lucasfilm los usó como biblia interna durante las precuelas. Después llegó la etapa d20 de Wizards of the Coast (2000-2010) y, finalmente, la trilogía de líneas de Fantasy Flight —Al filo del Imperio, La Era de la Rebelión y La Fuerza y el Destino—, con sus dados narrativos propios, que en español edita Edge Studio.
Star Wars: Unlimited · Star Wars: Rebellion · Star Wars: Legión · el juego de rol Al filo del Imperio · Shatterpoint · El Borde Exterior · sobres de Unlimited
17. Merchandising y coleccionismo
Ningún otro universo de ficción ha generado una cultura de coleccionismo comparable. Aquí la tienda no es un añadido: es parte de la historia de la saga y, durante décadas, su principal fuente de ingresos.
Kenner, 1977: el origen de todo

La historia del Early Bird Certificate Package es el mito fundacional del juguete moderno: en la Navidad de 1977 Kenner no tenía figuras fabricadas, así que vendió una caja vacía con un vale para recibirlas por correo. Y la gente la compró a millones. Aquellas figuras de 3,75 pulgadas fijaron el formato de toda la industria, y hoy una pieza original en blíster sin abrir se paga a precio de coche. Si te pica la nostalgia, Hasbro reedita buena parte de aquel catálogo en The Vintage Collection, con el blíster retro de siempre.
Hasbro hoy: Black Series y Vintage Collection
Las dos líneas de referencia conviven: The Black Series (15 cm, acabado de coleccionista adulto, con un Darth Vader y un Grogu que son los más vendidos de la línea) y la ya citada Vintage Collection a 3,75 pulgadas. En 2026 ambas presentaron novedades en la San Diego Comic-Con y ambas subieron de precio de forma notable desde el otoño de 2025. Capítulo aparte merecen los sables de luz Force FX Elite, réplicas con hoja luminosa y sonido que se han convertido en el regalo grande de la saga, y los cascos electrónicos de Vader, el Mandaloriano o un soldado de asalto.
LEGO Star Wars
Probablemente la mejor colaboración de licencia de la historia del juguete: desde 1999, y con una serie de videojuegos propia que ha sido la puerta de entrada de media generación. El catálogo va del set de veinte euros al monstruo de vitrina. El gran lanzamiento de este año es el UCS Executor Super Star Destroyer (75457): 6.130 piezas, 136 centímetros —el modelo más largo de la historia de la línea—, 749,99 euros y a la venta desde el 1 de octubre de 2026. Por debajo están los clásicos permanentes: el Halcón Milenario, el caza X-wing, los dioramas de escena y los calendarios de adviento de cada diciembre. Y para empezar sin arruinarse, los Microfighters.
Alta gama: Hot Toys, Sideshow y réplicas
Para quien se lo toma en serio (y tiene vitrina), Hot Toys y Sideshow cubren la escala 1:6 con un nivel de detalle que roza lo absurdo: en 2026 destacan un nuevo Obi-Wan Kenobi y un Luke Skywalker de Sombras del Imperio. En el mismo terreno juegan las réplicas de casco a escala 1:1 y las figuras de resina de gran formato. Un escalón por debajo, las Funko Pop de Star Wars siguen siendo la vía barata de llenar una estantería, y la línea de vehículos resuelve lo que las vitrinas no.
Música, libros y arte
La saga también se colecciona en papel y en vinilo. Las bandas sonoras de John Williams tienen ediciones en vinilo que son objeto de coleccionismo por derecho propio. En libros, el canon de la documentación son los making of de J. W. Rinzler —con material de los archivos de Lucasfilm—, a los que se suman los libros de arte The Art of de cada película y las enciclopedias visuales de DK, que son la mejor puerta de entrada para los más pequeños de la casa. Y si lo tuyo es el papel pintado, hay láminas y carteles para todos los gustos.
Y si prefieres verlo todo junto, en la tienda de nosolocomics tienes la selección de Star Wars ordenada por tipo de producto: cine, cómic, novela, juego y figura.
18. Lo mejor de lo mejor
Si alguien llega nuevo a la galaxia y pregunta por dónde empezar, esto es lo que hay que ponerle delante, con el porqué de cada elección.
Cine
- El Imperio contraataca (1980). La mejor escrita, la mejor dirigida y la más valiente: se atreve a que los protagonistas pierdan y a convertir una aventura juvenil en una tragedia familiar. Todo lo bueno que ha venido después la tiene como referencia.
- Una nueva esperanza (1977). No es la más redonda, pero es el big bang: sin ella no hay nada de esto, y su tercer acto sigue siendo el modelo de montaje de acción de la industria.
- Rogue One (2016). La demostración de que la galaxia funciona sin Jedi ni linajes: una película bélica sobre gente anónima con el mejor tramo final de la saga.
Series de imagen real
- Andor. La mejor cosa que lleva la marca Star Wars, sin matices. Escritura adulta, sin nostalgia y con un discurso político que aguanta cualquier comparación fuera de la franquicia. Cinco Emmy lo respaldan.
- The Mandalorian (temporadas 1 y 2). Recuperó el tono de western espacial, reinventó la producción televisiva con el StageCraft y regaló a Grogu.
Animación
- The Clone Wars, y muy especialmente su temporada final (2020). Es el lugar donde Star Wars maduró: dio sentido a las precuelas, humanizó a los clones y creó a Ahsoka.
- Rebels. La mejor puerta de entrada para ver en familia, con un tramo final excelente y el mejor Thrawn en pantalla.
- Maul: Señor de las sombras (2026). La confirmación de que la animación sigue siendo el laboratorio de la saga: un 98% de crítica y una segunda temporada ya en marcha.
Cómic
- Legado, de John Ostrander y Jan Duursema. El cómic más ambicioso que ha dado la franquicia: se va ciento treinta años al futuro y construye una galaxia nueva con un Skywalker fracasado y fascinante.
- Darth Vader, de Kieron Gillen y Salvador Larroca. Vader como protagonista absoluto, entre la intriga imperial y la venganza. Además alumbró a la Doctora Aphra.
- Imperio oscuro, de Tom Veitch y Cam Kennedy. Imperfecto y noventero, pero es el cómic que demostró que la saga podía continuar en papel y abrió la puerta a todo el universo expandido.
Novela
- Heredero del Imperio, de Timothy Zahn. La novela que resucitó Star Wars en 1991 y creó a Thrawn y a Mara Jade. Sigue siendo la mejor continuación posible de la trilogía original.
- La Alta República (serie). La apuesta editorial más valiente de la era Disney: una época propia, sin Skywalkers, con Jedi en su esplendor y un enemigo genuinamente inquietante.
Videojuego
- Knights of the Old Republic (2003). El mejor RPG de la licencia y uno de los grandes giros argumentales del medio. Su secuela de Obsidian lo complementa con una mirada mucho más crítica sobre la Fuerza.
- TIE Fighter (1994). El mejor simulador espacial jamás hecho, y encima desde el otro bando.
- Jedi: Survivor (2023). La mejor traducción moderna de lo que significa manejar un sable láser.
Juego de mesa
- Star Wars: Rebellion. La Guerra Civil Galáctica entera en una mesa, con una asimetría perfecta: el Imperio busca, la Rebelión sobrevive.
- Star Wars: Unlimited. El juego de cartas que ha devuelto la emoción del coleccionable a la galaxia, con reglas limpias y buen soporte en castellano.
- Imperial Assault. Para quien quiera campaña táctica con miniaturas y una historia que dure meses.
19. Star Wars hoy
The Mandalorian and Grogu
El 22 de mayo de 2026 llegó a los cines The Mandalorian and Grogu, la primera película de Star Wars en siete años y el salto a la gran pantalla de la pareja más querida de la última década. Dirigida por Jon Favreau, con guion suyo, de Dave Filoni y Noah Kloor, y con Pedro Pascal, Sigourney Weaver y Jeremy Allen White en el reparto.
Los números de taquilla se quedaron por debajo de lo que Disney esperaba —345,8 millones de dólares en todo el mundo sobre un presupuesto de 165—, pero la historia interesante está en otra parte: el público la adoró. Un 86% en el Popcornmeter de Rotten Tomatoes con más de diez mil votos —el mejor dato de audiencia de toda la era Disney—, un CinemaScore A− y un 71% de recomendación en PostTrak. La crítica fue más tibia (60% y un 53 en Metacritic), pero la sensación entre quienes la vieron fue unánime: es una película de aventuras luminosa, divertida y perfecta para ver en familia, exactamente lo que prometía.
Lo que viene

- Star Wars: Starfighter — 28 de mayo de 2027. Dirige Shawn Levy y protagoniza Ryan Gosling, acompañado de Mia Goth, Matt Smith, Amy Adams y Aaron Pierre. Es una historia autoconclusiva ambientada cinco años después de El ascenso de Skywalker, rodada entre Reino Unido y Cerdeña a finales de 2025 y hoy en postproducción, con música de Thomas Newman. La saga volviendo a terreno desconocido, que es donde mejor se le ha dado.
- Ahsoka temporada 2 — 20 de enero de 2027 en Disney+.
- Maul: Señor de las sombras temporada 2 — 2027, sin fecha concreta.
- Reestreno de Una nueva esperanza en cines en la primavera de 2027, por el 50 aniversario. Ver la película que empezó todo otra vez en pantalla grande, medio siglo después, es la mejor noticia de toda esta lista.
- Videojuegos: Galactic Racer el 6 de octubre de 2026 y, en el horizonte, el remake de KOTOR y Fate of the Old Republic con Casey Hudson.
Cincuenta años después, la galaxia sigue creciendo: hay película en producción, dos series confirmadas, una línea de cómics activa, novelas nuevas cada trimestre, juegos en camino y un aniversario redondo a la vuelta de la esquina. No está mal para una película que el estudio daba por perdida en 1977.
20. Star Wars en nosolocomics
Por aquí llevamos años siguiendo la galaxia. Algunas entradas del archivo:
- The Mandalorian, ya tenemos tráiler de la temporada 3
- The Mandalorian, el tráiler de la nueva serie que nos va a fascinar
- 20 de diciembre, se acerca el final de la saga
- El parón de Star Wars tras el relativo fiasco de «Solo»
- Ciencia ficción pulp en el cine moderno: cuando lo viejo vuelve a molar
- Especial Star Trek: sesenta años en la última frontera
21. Para saber más
- StarWars.com, la web oficial de Lucasfilm, con la base de datos, noticias y la cronología oficial.
- Wookieepedia, la enciclopedia colaborativa. No hay dato que no esté.
- Star Wars News Net, para seguir la actualidad de cómics, series y juegos.
- Planeta Cómic, la editorial que publica cómics y novelas de Star Wars en España.
- El making of de Star Wars, de J. W. Rinzler, y Cómo se hizo El Imperio contraataca: la mejor documentación existente sobre el rodaje, con material de los archivos de Lucasfilm.
Especial vivo: se actualizará con cada estreno, cada cómic y cada juego que lo merezca. Si echas algo en falta, dilo en los comentarios.




