Especial Star Trek: sesenta años en la última frontera

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El 8 de septiembre de 1966, a las diez de la noche, la NBC emitió un episodio titulado The Man Trap. Lo vio poca gente, la crítica lo despachó sin entusiasmo y la cadena la canceló tres años después por falta de audiencia. Hoy, exactamente sesenta años más tarde, esa serie fracasada es la franquicia de ciencia ficción más prolífica de la historia de la televisión: trece series, más de sesenta años de continuidad, catorce largometrajes, más de 850 novelas, seis décadas de cómics sin interrupción y una lista de inventos reales que existen porque alguien vio a un actor hablar con una cajita de plástico.

Este especial va de eso: de cómo Star Trek no solo llegó primero a casi todo, sino que escribió el manual que después usaron Star Wars, Marvel y cualquier universo compartido que se le ocurra nombrar. Y de cuánto material hay ahí fuera, con números, porque la magnitud de esta cosa es difícil de creer hasta que la ves puesta en una tabla.

El transbordador espacial Enterprise sale de la factoría de Palmdale en 1976 ante el reparto de Star Trek
Septiembre de 1976: la NASA saca de la factoría de Palmdale su primer transbordador y lo llama Enterprise después de una campaña de cartas de los fans. Foto: NASA (dominio público).

Índice

  1. El día que empezó todo
  2. Precursor: todo lo que Star Trek hizo primero
  3. La tecnología que se escapó de la pantalla
  4. Cuánto Star Trek hay: el inventario, con números
  5. Lo mejor de lo mejor
  6. Las series, una por una
  7. El cine: catorce películas, catorce tráilers
  8. La biblioteca: más de 850 novelas
  9. Los cómics: seis décadas sin faltar un mes
  10. Videojuegos, rol y juegos de mesa
  11. Cómo verlo en España y por dónde empezar
  12. Star Trek Day: los sesenta años, hoy
  13. Lo que viene
  14. Star Trek en nosolocomics
  15. Para saber más

1. El día que empezó todo

Gene Roddenberry vendió la serie a la cadena con una frase de manual: una diligencia hacia las estrellas. Un western itinerante, pero con una nave. Lo que no puso en el argumentario es lo que de verdad quería hacer, que era ciencia ficción social: usar planetas de cartón piedra para hablar del racismo, de la guerra fría, del colonialismo y de la pena de muerte en horario de máxima audiencia, en la América de 1966, y colarlo por debajo del radar de los censores porque, al fin y al cabo, «son alienígenas».

El primer piloto, The Cage, con Jeffrey Hunter como capitán Christopher Pike, le pareció a la NBC «demasiado cerebral». Caso raro en la historia de la televisión: la cadena pidió un segundo piloto. Llegó William Shatner, llegó el capitán Kirk, y el 8 de septiembre de 1966 se estrenó The Man Trap.

Tres temporadas y 79 episodios después, la NBC cerró el chiringuito. Antes de eso ya había pasado algo insólito: al terminar la segunda temporada, con la cancelación anunciada, una campaña de cartas de una magnitud sin precedentes hasta entonces —organizada por Bjo y John Trimble— consiguió que la cadena se lo repensara y encargara una tercera temporada. Es, probablemente, la primera vez que un fandom organizado le gana un pulso a una cadena de televisión. No sería la última.

La resurrección vino por la puerta de atrás: la redifusión. En los años setenta, Star Trek se emitió en bucle en cadenas locales estadounidenses, encontró al público que la NBC no supo encontrarle y se convirtió en un fenómeno mucho más grande muerta que viva. De ahí salieron las convenciones, de ahí salió la serie de animación de 1973, de ahí salió que en 1979 Paramount se gastara una fortuna en llevarla al cine. Sesenta años después seguimos aquí.

2. Precursor: todo lo que Star Trek hizo primero

Es fácil decir que una serie «fue pionera». Con Star Trek el problema es el contrario: cuesta encontrar un aspecto de la cultura pop moderna en el que no llegara antes.

La tripulación que no se parecía a ninguna

En el puente de la Enterprise había una mujer negra como oficial de comunicaciones, un timonel japonés-estadounidense —veintiún años después de Hiroshima—, un escocés en ingeniería, un ruso en la consola de navegación —en plena guerra fría— y un extraterrestre como segundo de a bordo. Fue la primera serie estadounidense de acción real que puso en pantalla una tripulación así, y lo hizo sin subrayarlo: nadie explicaba por qué estaban ahí, simplemente hacían su trabajo.

La anécdota más citada de los sesenta años de la franquicia es esta: Nichelle Nichols quiso dejar la serie tras la primera temporada para volver al teatro musical. Se lo contó a Martin Luther King Jr. en un acto de la NAACP, y King le respondió que no podía marcharse, que la suya era la única serie que él y Coretta dejaban ver a sus hijos hasta tarde, y que ella ya era parte de la historia. Se quedó. Años después, Whoopi Goldberg resumió el efecto que aquello tuvo en una niña de nueve años delante del televisor: «hay una señora negra en la televisión y no es la criada». Goldberg acabaría interpretando a Guinan en La nueva generación.

El 22 de noviembre de 1968, en el episodio Plato’s Stepchildren, Kirk y Uhura se besaron: uno de los primeros besos interraciales de la televisión estadounidense, rodado con la excusa argumental de que unos alienígenas les controlaban la mente, porque en 1968 hacía falta una excusa.

Nichelle Nichols, la teniente Uhura, en una imagen de la NASA de 1977

Nichelle Nichols en 1977. Entre finales de los setenta y finales de los ochenta trabajó para la NASA reclutando aspirantes a astronauta. Foto: NASA (dominio público).

Y no se quedó en la pantalla. Entre finales de los setenta y finales de los ochenta, Nichols trabajó para la NASA en campañas de reclutamiento dirigidas a mujeres y minorías. La promoción de astronautas de 1978 —la primera que salió de aquel esfuerzo— incluía a Guion Bluford, primer afroamericano en el espacio, y a Sally Ride, primera estadounidense en el espacio. Es de las pocas veces que se puede trazar una línea recta desde una serie de televisión hasta la historia de la exploración espacial.

El fandom se inventó aquí

Casi todo lo que hoy damos por hecho en la relación entre una serie y su público se ensayó con Star Trek:

  • Los fanzines. Spockanalia, en 1967, con la serie todavía en emisión, fue uno de los primeros fanzines dedicados a una serie de televisión, con relatos, arte y ensayos escritos por lectores.
  • Las convenciones. Las primeras grandes convenciones dedicadas a una única franquicia se organizaron a principios de los setenta y desbordaron todas las previsiones de asistencia. El modelo —panels, invitados del reparto, mercadillo, cosplay— es literalmente el de cualquier salón del cómic actual.
  • La fan fiction moderna. Se escribía antes, pero fue el fandom trekkie el que la industrializó. La pareja Kirk/Spock, que los lectores abreviaban con una barra —K/S—, le dio nombre a todo un género: el slash.
  • El nombre propio. «Trekkie» es, según el Oxford English Dictionary, la única etiqueta de fan de una franquicia recogida en el diccionario.
  • Las producciones de fans. Nadie ha llevado esto tan lejos: series enteras rodadas por aficionados con decorados reconstruidos plano a plano, como Star Trek Continues, de la que ya hablamos aquí en su día.
Aficionados disfrazados de klingon en una convención de Star Trek

El modelo de convención moderno —panels, invitados, cosplay, mercadillo— se ensayó con Star Trek en los años setenta. Foto: Eric, CC BY 2.0.

El manual de la franquicia moderna

Aquí es donde Star Trek resulta de verdad precursora, porque lo que inventó no fue una serie: fue una forma de explotar una idea.

  • El spin-off como estrategia, no como accidente. Cuando en 1987 llegó La nueva generación con otra nave, otra tripulación y otro siglo, la franquicia demostró que una marca podía sobrevivir al cambio completo de reparto. Hoy eso es el abecé de cualquier universo compartido; entonces era una apuesta temeraria.
  • Series simultáneas en el mismo universo. Entre 1993 y 1999, La nueva generación, Espacio profundo nueve y Voyager se solaparon en antena compartiendo continuidad, personajes y crossovers. Marvel hizo eso mismo en televisión veinticinco años después y lo vendió como una novedad.
  • El reboot con coartada narrativa. La película de 2009 no borró nada: creó una línea temporal alternativa —la «línea Kelvin»— para poder recontar los orígenes sin invalidar cuarenta años de continuidad. Es la solución que después han copiado media docena de franquicias.
  • La precuela como territorio. Enterprise (2001) y hoy Strange New Worlds viven de contar lo que pasó antes de lo que ya conocemos, con el reto de sostener tensión sabiendo el final.
  • La animación para adultos y la animación para niños de la misma marca. Lower Decks es una comedia de oficina en una nave secundaria; Prodigy es una serie infantil de iniciación. Misma franquicia, mismo canon, públicos opuestos.
  • La biblia de producción. Roddenberry documentó reglas, tecnología y protocolos en manuales internos para que cualquier guionista pudiera escribir «dentro» del universo sin romperlo. Es el antepasado directo de los departamentos de continuidad que hoy tienen todos los estudios.

Y una cosa más, que no es menor: Star Trek es la primera serie cancelada que volvió de la muerte para convertirse en saga cinematográfica. Sin ese precedente de 1979, el guion de «cancelada, luego resucitada por la demanda del público» no existiría.

Un idioma que se puede aprender

El klingon no es un balbuceo de guionista. El lingüista Marc Okrand construyó una lengua funcional para En busca de Spock (1984) y la publicó al año siguiente en The Klingon Dictionary: fonología propia, gramática con orden objeto-verbo-sujeto, vocabulario ampliable. Desde entonces tiene instituto, revista académica, traducciones de Shakespeare —The Klingon Hamlet— y hablantes repartidos por medio mundo. Ninguna otra franquicia audiovisual ha generado un idioma con ese nivel de desarrollo. Si le pica la curiosidad, el diccionario original se sigue reeditando: buscar The Klingon Dictionary en Amazon.

Cosplay de guerrero klingon en la MegaCon de 2012

El klingon tiene diccionario, gramática, instituto y traducciones de Shakespeare. Foto: Gordon Tarpley, CC BY 2.0.

3. La tecnología que se escapó de la pantalla

Todas las series de ciencia ficción imaginan aparatos. La diferencia con Star Trek es que hay ingenieros que han declarado, por escrito y con nombre y apellidos, que construyeron cosas reales porque las vieron en la serie.

  • El teléfono móvil. Martin Cooper, responsable del primer teléfono móvil de mano en Motorola, ha contado que su motivación venía de ver Star Trek: no quería un teléfono de coche, quería el comunicador de Kirk. Y cuando en los noventa Motorola sacó el StarTAC de tapa, el parecido no era casual.
  • La tableta. Los PADD que los oficiales se pasaban de mano en mano en La nueva generación son, en 1987, exactamente el objeto que todos llevamos hoy en la mochila. Los diseñadores del Palm también citaron la serie.
  • Hablarle a la máquina. «Ordenador…» seguido de una pregunta en lenguaje natural era el interfaz por defecto de la Enterprise. Esa idea —que lo normal es hablarle a un sistema, no teclearle— es hoy la base de media industria.
  • El tricorder. El investigador Peter Jansen construyó un tricorder funcional inspirado en el de la serie, y durante años hubo un premio internacional de innovación médica cuyo objetivo declarado era precisamente ese: un aparato de diagnóstico portátil. El nombre del reto lo puso la serie, no la medicina.
  • El holodeck. Informáticos de la Universidad de Illinois desarrollaron un prototipo de entorno inmersivo bautizado directamente con el nombre de la sala holográfica de la nave.
  • Google Earth. La capacidad de acercarse desde la órbita hasta la superficie de un planeta con un gesto salió, según sus propios desarrolladores, de la cartografía por tricorder.
  • Silicon Valley. Steve Wozniak, cofundador de Apple, ha reconocido que ver la serie e ir a convenciones de Star Trek de joven fue una de sus fuentes de inspiración.
  • Y la vacuna. El programa estadounidense de desarrollo acelerado de vacunas contra la covid en 2020 se llamó Operation Warp Speed —«velocidad de curvatura»— porque quien lo bautizó, Peter Marks, de la FDA, era fan de la serie.

Fuera de la tecnología, el rastro es igual de largo: la NASA llamó Enterprise a su primer transbordador en 1976 tras una campaña de cartas de los fans, volvió a usar el nombre en 2014 para un diseño conceptual de nave superlumínica, y tiene asteroides bautizados con nombres de la franquicia. El Libro Guinness de los récords la reconoce como la franquicia televisiva de ciencia ficción más exitosa de la historia.

4. Cuánto Star Trek hay: el inventario, con números

Aquí es donde la palabra «prolífica» deja de ser un adjetivo y se convierte en un problema de logística. Este es el estado de las cosas a 8 de septiembre de 2026.

Televisión: 13 series, 51 temporadas, más de 960 episodios

Serie Años Temporadas Episodios
La serie original (TOS) 1966–1969 3 79
La serie animada (TAS) 1973–1974 2 22
La nueva generación (TNG) 1987–1994 7 178
Espacio profundo nueve (DS9) 1993–1999 7 176
Voyager (VOY) 1995–2001 7 172
Enterprise (ENT) 2001–2005 4 98
Discovery (DIS) 2017–2024 5 65
Short Treks 2018–2020 2 10
Picard (PIC) 2020–2023 3 30
Lower Decks (LD) 2020–2024 5 50
Prodigy (PRO) 2021–2024 2 40
Strange New Worlds (SNW) 2022–presente 4 (5 encargadas) 30 + T4 en emisión
Starfleet Academy (SFA) 2026–presente 1 (2 encargadas) 10
Series de televisión de Star Trek, con datos de temporadas y episodios emitidos.

Sumado: trece series, 51 temporadas y más de 960 episodios de ficción televisiva en el mismo universo. Para poner eso en contexto: viéndolos del tirón, sin pausas, son más de 28 días de televisión seguida. Un mes de su vida. Y el reparto de esos episodios entre las tres grandes series de los noventa —526 capítulos entre TNG, DS9 y Voyager— explica por qué la mitad de los guionistas de televisión estadounidense de los dos mil pasaron por ahí.

Cine: catorce largometrajes y 2.260 millones de dólares

Trece películas de estreno en cines entre 1979 y 2016, más el telefilme Section 31 (2025), estrenado directamente en streaming. La taquilla acumulada de la saga en salas ronda los 2.260 millones de dólares, sobre unos 893 millones de presupuesto sumado. La película de 2009 fue además la primera de la franquicia en ganar un Óscar, el de maquillaje.

Literatura: más de 850 libros y 85 millones de ejemplares

Desde 1968 se han publicado más de 850 novelas originales, antologías de relatos, novelizaciones de episodios y películas y volúmenes ómnibus. En 2001, Pocket Books declaraba unos 85 millones de ejemplares impresos, una cifra que llevó a más de un estudioso a calificarla como la mayor serie de ficción de la historia de la literatura occidental por volumen publicado. A eso hay que sumarle los libros de referencia: manuales técnicos, cronologías, enciclopedias, planos de naves y libros de arte.

Cómics: seis décadas de viñetas, sin apenas huecos

El primer cómic es de 1967 —antes incluso de que acabara la serie original— y desde entonces la licencia ha ido pasando de editorial en editorial sin quedarse nunca vacía mucho tiempo: Gold Key (61 números, 1967–1979), Marvel (18, 1979–1982), DC en dos etapas (56 más tres anuales, 1984–1988; y 80 números, 1989–1996), Malibu (33 números de DS9, 1993–1996), Marvel otra vez bajo el sello Paramount Comics (1996–1998), WildStorm (1999–2002), Tokyopop con cuatro antologías manga (2006–2009) y desde 2006 IDW, que solo en sus seis primeros años publicó 31 miniseries y una serie regular con más de 140 números, y que sigue siendo la editorial de la franquicia hoy.

Videojuegos: desde 1971

El primer videojuego de Star Trek es de 1971: un juego de texto en BASIC que Mike Mayfield programó en un mainframe SDS Sigma 7. Es decir, la franquicia tiene juegos desde antes de que existiera la industria del videojuego. Ya en 2005 se contaban más de cuarenta títulos con Star Trek en el nombre, y desde entonces han seguido llegando, incluido un MMO —Star Trek Online, 2010— que sigue en marcha después de tres lustros.

Juegos de mesa: desde 1979

Otro medio en el que la franquicia lleva casi tanto tiempo como en el cine. Star Fleet Battles se publicó en 1979, el mismo año que la primera película, y desde entonces ha habido wargames de naves, juegos de miniaturas, cooperativos, euros, un juego de cartas coleccionables que fue de los grandes de los noventa y las versiones inevitables del Risk y el Monopoly. Solo Star Fleet Battles había vendido más de 53.000 copias en 1983, cifra enorme para un wargame de la época.

Y los premios

Solo las cinco primeras series de acción real acumulan 31 premios Emmy y en torno a 140 nominaciones. Más de 120 discos publicados con música de la franquicia. Y un negocio de merchandising que a principios de este siglo ya había generado alrededor de 4.000 millones de dólares acumulados.

5. Lo mejor de lo mejor

Sesenta años y este inventario tienen un problema evidente: nadie se va a ver 960 episodios para averiguar si esto le gusta. Así que, medio por medio, esto es lo que hay que ver, leer y jugar. El criterio de la selección es explícito y solo tiene tres reglas: que haya reconocimiento externo —premios, no solo cariño de fan—, que resista una relectura o un revisionado veinte o cuarenta años después, y que funcione para alguien que no sabe nada de Star Trek. Esa tercera regla es la que descarta a la mitad de los candidatos obvios.

Televisión: tres episodios

  • «La ciudad al borde de la eternidad» (The City on the Edge of Forever, TOS 1×28, 1967). Kirk y Spock persiguen a McCoy hasta la Nueva York de la Gran Depresión y Kirk se enamora de una mujer que tiene que morir para que la historia siga su curso. Por qué: ganó el premio Hugo de 1968, lo escribió Harlan Ellison —uno de los mejores autores de ciencia ficción de su generación, no un guionista de encargo— y es el episodio que demostró que este formato podía sostener una tragedia de verdad, con un final en el que el héroe gana perdiendo. Sigue siendo el mejor relato de viajes en el tiempo escrito para televisión.
  • «La luz interior» (The Inner Light, TNG 5×25, 1992). Una sonda alienígena conecta con Picard y le hace vivir en cuarenta minutos los cuarenta años que le quedaban a un hombre de un planeta que ya no existe. Por qué: premio Hugo de 1993, y el mejor argumento que existe a favor de la idea de que un episodio autoconclusivo puede ser más devastador que una temporada entera de arco. No hay villano, no hay nave en peligro, no pasa nada: solo una vida completa y la pérdida de esa vida. Patrick Stewart nunca estuvo mejor.
  • «A la pálida luz de la luna» (In the Pale Moonlight, DS9 6×19, 1998). Sisko graba una confesión en el diario de la estación: para meter a los romulanos en la guerra ha mentido, ha encubierto un asesinato y ha comprado a un falsificador. Por qué: es el episodio que rompe el pacto fundacional de la franquicia —el futuro es mejor porque nosotros somos mejores— y lo hace sin coartada: Sisko mira a cámara y dice que puede vivir con ello. Ningún premio y aun así, en casi todas las encuestas de aficionados de las últimas dos décadas, el mejor episodio de las 51 temporadas. Es lo más adulto que ha hecho la casa.

Menciones obligadas, porque también son Hugo: «El zoológico» (The Menagerie, 1967) y «Todo lo bueno…» (All Good Things…, 1995), el final de La nueva generación, que es la mejor despedida que se le ha escrito a una serie de ciencia ficción.

Cine: dos películas y media

  • Star Trek II: la ira de Khan (1982). Por qué: es el consenso absoluto, y por una razón estructural: Nicholas Meyer no hizo una película de ciencia ficción, hizo una tragedia sobre envejecer disfrazada de duelo naval. Kirk se pasa el metraje descubriendo que ya no es joven y que sus decisiones tienen facturas de veinte años. La muerte de Spock funciona porque es una decisión moral, no un giro. Y se entiende sin haber visto un solo episodio.
  • Star Trek: primer contacto (1996). Por qué: la única película de la franquicia que es también una buena película de terror. Convierte a los Borg en una amenaza física y no conceptual, le da a Picard su mejor material —el capitán obsesionado que se convierte en el monstruo— y sostiene dos tramas paralelas, una de horror y una de comedia, sin que ninguna se caiga. Es, además, la mejor puerta de entrada a la era TNG.
  • Star Trek IV: misión salvar la Tierra (1986), la media. Por qué: no es la mejor película, pero es la mejor demostración de para qué sirve tener personajes queridos: se les quita la nave, el uniforme y el conflicto, se les suelta en San Francisco a comprar ballenas y la película funciona igual, solo con su compañía. Es también la más taquillera de la era clásica y la que más gente ha convertido en aficionada sin querer.

Novelas: tres libros

  • The Final Reflection, de John M. Ford (1984). Una novela sobre un capitán klingon, narrada desde dentro de su cultura, sin humanos protagonistas durante buena parte del libro. Por qué: es el título que aparece en todas las listas de mejores libros de la franquicia y el único que se cita habitualmente como buena ciencia ficción a secas, al margen de la licencia. Ford construyó una civilización klingon coherente —política, lengua, un juego de estrategia como metáfora del imperio— casi una década antes de que la televisión se molestara en hacerlo.
  • Spock’s World, de Diane Duane (1988). Vulcano vota si abandona la Federación, y la novela alterna el juicio político con capítulos que cuentan la historia del planeta desde su prehistoria. Por qué: es el libro que le dio profundidad antropológica a la cultura más importante del universo, y su estructura —presente y mito alternándose— es más ambiciosa que la de cualquier novela de licencia de su época.
  • A Stitch in Time, de Andrew Robinson (2000). La autobiografía de Elim Garak, el sastre cardassiano de Espacio profundo nueve, escrita por el actor que lo interpretó. Por qué: Robinson llevaba años escribiendo el diario del personaje para construirlo, y al final lo publicó. Es la novela mejor valorada de la franquicia y un caso rarísimo: material derivado que amplía de verdad lo que se vio en pantalla, porque viene de la misma persona que lo interpretó.

Si busca una cuarta, Imzadi, de Peter David (1992), es la que más gente recuerda con cariño. Aviso: los tres primeros solo existen en inglés.

Cómics: tres tebeos

  • «¿Quién mató al capitán Kirk?», de Peter David (DC, 1988). Por qué: el mejor arco de la etapa clásica. David escribió durante años el único Star Trek en viñetas con voz propia —personajes secundarios creados para el cómic, continuidad interna, humor— en lugar de limitarse a imitar episodios.
  • Debt of Honor, de Chris Claremont y Adam Hughes (DC, 1992). Por qué: una novela gráfica de gran formato que cruza tres épocas de la vida de Kirk, dibujada por Hughes en su mejor momento. Es el Star Trek en cómic más bonito que se ha publicado, y el que mejor entendió que este universo permite contar historias en tres tiempos a la vez.
  • Star Trek, de Collin Kelly, Jackson Lanzing y Ramón Rosanas (IDW, desde 2022). Benjamin Sisko, devuelto por los Profetas, al mando del USS Theseus persiguiendo a un Kahless que está matando dioses. Por qué: reconocimiento externo del bueno —dos nominaciones a los premios Eisner de 2023, a mejor serie nueva y a mejor número único— y una idea que la televisión no se ha atrevido a tocar: qué pasa cuando un capitán de la Flota vuelve de entre los dioses y ya no le cabe la jerarquía.

Videojuegos: tres juegos

  • Star Trek: 25th Anniversary (Interplay, 1992) y su continuación Judgment Rites (1993). Por qué: siguen siendo la mejor traducción del formato a un videojuego. Están estructurados en episodios, alternan combate en el puente con misiones de aventura gráfica en superficie, y —clave— la puntuación final no premia disparar: premia resolver el problema hablando. Las ediciones en CD llevan las voces del reparto original.
  • Star Trek: La nueva generación – A Final Unity (1995). Por qué: el juego del que se sigue diciendo, treinta años después, que es «lo más parecido a un episodio de verdad» que se ha hecho. Puente completo, tripulación que opina, dilemas con consecuencias.
  • Star Trek: Voyager – Elite Force (Raven Software, 2000). Por qué: 86 sobre 100 en las medias de crítica y el primer juego de la franquicia que fue, además, un buen juego de acción a secas, sobre el motor de Quake III. La versión de PC, no el port de PS2, que es otra cosa y mala.

Y si lo que quiere es pilotar en lugar de disparar, Bridge Commander (2002) sigue teniendo comunidad de mods veintitantos años después.

Juegos de mesa: tres cajas

  • Star Fleet Battles (Task Force Games, 1979). Por qué: es el juego de mesa más importante que ha salido de esta licencia y uno de los wargames más influyentes que se han publicado. Simula el combate entre naves con un sistema de 32 impulsos por turno y una gestión de energía que obliga a decidir, cada segundo de juego, si va al motor, al escudo o al arma. Entró en el Salón de la Fama de la Academy of Adventure Gaming en 2005 con el reconocimiento de haber «definido literalmente el género» del combate de naves, y de él salieron después el rol Prime Directive, el estratégico Federation and Empire y toda la serie de videojuegos Starfleet Command. Curiosidad: su licencia era tan limitada que no podía nombrar a Kirk ni a la Enterprise, así que se construyó un universo paralelo entero para esquivarlo.
  • Star Trek: Ascendancy (Gale Force Nine, 2016). Por qué: el mejor juego de mesa moderno de la franquicia y el que mejor captura lo que se supone que hace la Flota Estelar: no hay tablero fijo, la galaxia se va construyendo con losetas y tubos de curvatura a medida que exploras, y ganar por conquista suele ser peor negocio que ganar por expansión y diplomacia. Es un 4X de tres a seis horas, con más de doscientas miniaturas y expansiones para casi todas las potencias del universo. Exigente, pero es el que deja la sensación de estar jugando a Star Trek y no a un juego de guerra con calcomanías.
  • Star Trek: Frontiers (WizKids, 2016). Por qué: es Mage Knight —uno de los mejores diseños de Vlaada Chvátil— reimplantado en el universo Trek, con construcción de mazo, mapa modular aleatorio y campañas de un solo jugador que funcionan de verdad. La mejor opción para quien quiera profundidad sin sacar seis horas y cinco amigos.

Para mesas ligeras o con niños, Star Trek Panic (cooperativo, defensa de la nave) y Star Trek: Five-Year Mission (dados en tiempo real) cumplen sin pedir tarde entera. Y en cartas, el Star Trek Customizable Card Game de Decipher fue en los noventa uno de los grandes juegos de cartas coleccionables, con un diseño basado en resolver misiones con la tripulación adecuada en lugar de en pegarse. En noviembre llega el set de Magic: The Gathering dedicado a la franquicia, que será la vuelta de Star Trek a las cartas coleccionables treinta años después.

Rol: dos referencias

  • The Klingons, caja de FASA (1983). Por qué: un suplemento de rol que construyó lengua, política, familias y códigos de honor klingon con tanto detalle que durante años fue la referencia extraoficial de la que tiraban hasta los guionistas. Pocos suplementos de rol han influido tanto en el material del que derivaban.
  • Star Trek Adventures, 2ª edición (Modiphius). Por qué: es el juego vivo y el que mejor ha resuelto el problema de diseño de fondo: cómo hacer que una sesión sea interesante cuando la respuesta correcta casi nunca es disparar. Su sistema premia declarar valores, asumir complicaciones y negociar; la mesa típica es un dilema con reloj, no una mazmorra.

6. Las series, una por una

La serie original (1966–1969)

79 episodios, tres temporadas, decorados de contrachapado y algunas de las mejores horas de ciencia ficción televisiva que se han escrito. La ciudad al borde de la eternidad, con guion de Harlan Ellison, sigue siendo un modelo de relato de viajes en el tiempo. El equilibrio del terror es un duelo de submarinos con naves. Semilla del espacio presentó a Khan Noonien Singh y sembró la mejor película de la saga quince años antes de que se rodara. Envejece en la forma —el vestuario, los efectos, algún planteamiento— y no envejece nada en el fondo.

Disponible en edición completa en Blu-ray.

La serie animada (1973–1974)

22 episodios de media hora con las voces del reparto original y la libertad de que, siendo dibujos, ya no había que pagar el decorado: aquí sí se podían visitar planetas raros y meter alienígenas que no cabían en un presupuesto de acción real. Ganó un Emmy y durante décadas estuvo fuera del canon oficial; hoy se cita como fuente sin complejos, y Lower Decks se dedicó a rescatar sus criaturas más absurdas.

La nueva generación (1987–1994)

178 episodios. La apuesta imposible: otra nave, otro capitán, otro siglo, sin Kirk ni Spock. Arrancó tambaleándose y terminó siendo, para mucha gente, la mejor de todas. Patrick Stewart convirtió a Jean-Luc Picard en un capitán diplomático y librero en lugar de vaquero; los Borg redefinieron lo que podía ser un villano televisivo; y episodios como La luz interior o Cadena de mando son de los que se ponen en clases de guion. Aquí también nace el concepto de temporada con arcos y continuidad real en una serie sindicada.

En físico: la serie completa.

Espacio profundo nueve (1993–1999)

176 episodios y la oveja negra que hoy es la favorita de los aficionados exigentes. Una estación espacial en lugar de una nave, o sea: los problemas no se van al final del episodio porque no te puedes marchar. Política, religión, ocupación, colaboracionismo, una guerra larga y sucia y un capitán —Benjamin Sisko, Avery Brooks— que es a la vez oficial de la Flota y figura mesiánica de una religión ajena. Fue la primera serie de la franquicia con serialización pesada, veinte años antes de que eso fuera la norma.

En físico: la serie completa.

Voyager (1995–2001)

172 episodios y el planteamiento más limpio de toda la franquicia: una nave perdida a 70.000 años luz de casa, sin refuerzos, sin repuestos y con media tripulación formada por los terroristas a los que perseguía. Kate Mulgrew fue la primera mujer al mando como protagonista de una serie de Star Trek, y Siete de Nueve —Jeri Ryan— se convirtió en el personaje más rentable que ha dado la franquicia moderna: veinticinco años después protagoniza los cómics.

En físico: la serie completa.

Enterprise (2001–2005)

98 episodios. La precuela: el siglo XXII, la primera nave capaz de curvatura cinco, la humanidad todavía torpe y sin Federación. Scott Bakula al mando. Tuvo un arranque irregular y una cuarta temporada excelente que llegó tarde: la cancelación dejó a la franquicia fuera de la televisión durante doce años, el hueco más largo de su historia.

Discovery (2017–2024)

65 episodios en cinco temporadas y el regreso a la televisión, esta vez en streaming y con presupuesto de cine. Sonequa Martin-Green como Michael Burnham, una protagonista que no es la capitana —al menos al principio—, un tono más oscuro y serializado, y un salto argumental radical: a partir de la tercera temporada, la serie se va al siglo XXXII y se lleva por delante casi mil años de continuidad conocida.

Short Treks (2018–2020)

Diez episodios cortos, de entre ocho y veinte minutos, para rellenar los huecos entre temporadas. Formato raro y muy útil: uno de ellos, Q&A, es de lo mejor que se ha escrito sobre el joven Spock.

Picard (2020–2023)

30 episodios. Patrick Stewart volviendo a Jean-Luc veinte años después de Némesis, retirado en su viñedo y con la Federación convertida en algo que ya no reconoce. Las dos primeras temporadas dividieron al público; la tercera reunió a todo el reparto de La nueva generación y funcionó como despedida en condiciones. De ahí sale la Enterprise-G y el relevo generacional que ahora continúa en los cómics.

Lower Decks (2020–2024)

50 episodios de animación para adultos protagonizados por la gente que limpia los conductos: los alféreces del turno de noche de una nave de segunda fila. Es una comedia rapidísima, escrita por alguien que se conoce la franquicia hasta el tornillo, y a la vez —esto es lo raro— una de las series más cariñosas y más respetuosas con el canon que se han hecho. Si lleva treinta años viendo Star Trek, aquí se va a reír de cosas que no le podría explicar a nadie.

Prodigy (2021–2024)

40 episodios de animación 3D pensados como puerta de entrada para quien no ha visto nada: un grupo de chavales alienígenas que roban una nave de la Flota sin saber qué es la Flota, con un holograma de la almirante Janeway como tutora. Kate Mulgrew se dobla a sí misma. La cancelaron en una plataforma y la rescató otra, que ya es muy de esta franquicia.

Strange New Worlds (2022–presente)

La que ha reconciliado a todo el mundo. Vuelve al formato clásico —un planeta nuevo por episodio, sin arco pesado— con la Enterprise del capitán Christopher Pike, el personaje del piloto rechazado de 1965, interpretado por Anson Mount. Reparto redondo, tono luminoso y un descaro formal que en cualquier otra serie sería suicida: en tres temporadas ha hecho un musical, una comedia de enredo con tribbles, un cruce con Lower Decks mezclando animación y acción real, y en la cuarta —en emisión ahora mismo, desde el 23 de julio— un episodio con marionetas de la Creature Shop de Jim Henson y un viaje al Cretácico. Ya está encargada una quinta temporada, que será la última.

Starfleet Academy (2026–presente)

La novedad del año: se estrenó el 15 de enero de 2026, tiene diez episodios y traslada la franquicia al siglo XXXII para seguir a la primera promoción de cadetes de la Academia en más de un siglo, a bordo del USS Athena. Holly Hunter como capitana Nahla Ake, con Robert Picardo y Tig Notaro repescados de Voyager y Discovery. La segunda temporada ya está rodada y será, según Paramount, la última.

7. El cine: catorce películas, catorce tráilers

Trece estrenos en salas entre 1979 y 2016 y un telefilme en 2025. Los pares son mejores que los impares —regla no escrita del fandom que se cumple más de lo que debería— y hay al menos tres películas que aguantan cualquier comparación con lo mejor de la ciencia ficción del siglo XX. Va la lista completa, con tráiler.

Si busca la colección en físico: pack de películas en Blu-ray.

1. Star Trek: la película (1979)

Robert Wise, 139 millones de dólares. Solemne, lenta, con veinte minutos de plano de la nave y una banda sonora inmensa de Jerry Goldsmith que se convertiría en el tema de La nueva generación. La versión que hay que ver es la Director’s Edition restaurada en 2022, que arregla buena parte de los problemas de montaje del estreno.

2. Star Trek II: la ira de Khan (1982)

Nicholas Meyer, 95,8 millones. La mejor, sin discusión. Un submarino de la Segunda Guerra Mundial disfrazado de nave espacial, Ricardo Montalbán recitando Moby Dick, la muerte de Spock y la mejor escena de despedida de la historia de la franquicia. Se rodó con una fracción del presupuesto de la primera y se le nota, para bien.

3. Star Trek III: en busca de Spock (1984)

Leonard Nimoy dirigiendo, 87 millones. La película bisagra: destruye la Enterprise, convierte a la tripulación en fugitivos y estrena el klingon como idioma de verdad. Menos redonda que la anterior, imprescindible para el arco.

4. Star Trek IV: misión salvar la Tierra (1986)

Nimoy otra vez, 133 millones. La tripulación viaja a San Francisco en 1986 a rescatar dos ballenas jorobadas. Es una comedia. Funciona perfectamente. Es la película de la saga que se le puede poner a alguien que no ha visto nada y la más taquillera de la era clásica.

5. Star Trek V: la última frontera (1989)

William Shatner dirigiendo, 70,2 millones. Van a buscar a Dios al centro de la galaxia. Salió mal. Tiene, eso sí, la mejor escena de camping de la franquicia y una idea de fondo más ambiciosa de lo que el resultado permite ver.

6. Star Trek VI: aquel país desconocido (1991)

Nicholas Meyer de vuelta, 96,9 millones. La caída del muro llevada al espacio: el imperio klingon se desmorona y hay que negociar la paz con el enemigo de toda la vida. Despedida del reparto original, con Christopher Plummer de villano shakespeariano. Excelente.

7. Star Trek: la próxima generación (1994)

David Carson, 118,1 millones. El relevo: Kirk y Picard comparten pantalla, y la Enterprise-D se queda por el camino. Irregular, pero el traspaso de poderes había que hacerlo y aquí se hizo.

8. Star Trek: primer contacto (1996)

Jonathan Frakes dirigiendo, 146 millones. La mejor de la era TNG y la segunda mejor de la saga: los Borg viajan al pasado para impedir el primer vuelo a curvatura de la humanidad, y Picard se convierte en el capitán Ahab. Terror, acción y una reina Borg que ya es icono.

9. Star Trek: insurrección (1998)

Jonathan Frakes, 112,6 millones. Un episodio de la serie estirado a hora y media, con una idea decente sobre reasentamientos forzosos y una ejecución tibia.

10. Star Trek: némesis (2002)

Stuart Baird, 67,3 millones: la peor taquilla de la saga y el cierre en falso de la era TNG. Tom Hardy, con veinticinco años, hace de clon de Picard. Que la tercera temporada de Picard le haya dado a esta tripulación la despedida que aquí no tuvo dice bastante.

11. Star Trek (2009)

J. J. Abrams, 385,7 millones y el reinicio que salvó la marca comercialmente. La coartada es elegante: un viaje en el tiempo crea una línea temporal alternativa —la «línea Kelvin»— y así se puede recontar el origen de Kirk y Spock sin borrar nada de lo anterior. Chris Pine, Zachary Quinto, mucho lens flare y el primer Óscar de la franquicia.

12. Star Trek: en la oscuridad (2013)

Abrams otra vez, 467,4 millones: la más taquillera de toda la saga. También la más discutida, por rehacer La ira de Khan con Benedict Cumberbatch y negar durante meses que fuera eso lo que estaba haciendo.

13. Star Trek: más allá (2016)

Justin Lin, 343,5 millones, con guion de Simon Pegg y Doug Jung. La más «serie de televisión» de las tres modernas, y para muchos la mejor: separa a la tripulación, la deja tirada en un planeta y la obliga a improvisar. Fue la última aparición de Anton Yelchin como Chekov.

14. Star Trek: Section 31 (2025)

Olatunde Osunsanmi, estreno directo en streaming en enero de 2025. Michelle Yeoh recupera a la emperatriz Philippa Georgiou de Discovery para una misión de la división negra de la Flota. Recepción mala, pero cuenta en el inventario: es el primer largometraje de la franquicia hecho para plataforma.

8. La biblioteca: más de 850 novelas

Esta es la parte del iceberg que casi nadie ve. La franquicia lleva publicando novelas desde 1967, cuando James Blish empezó a novelizar los episodios de la serie original, y desde 1968 —con Mission to Horatius, de Mack Reynolds— también historias originales. Bantam tuvo la licencia hasta 1981; después pasó a Pocket Books, bajo el paraguas de Simon & Schuster, que sigue publicándolas hoy.

El resultado son más de 850 títulos entre novelas, novelizaciones, antologías y ómnibus, y unos 85 millones de ejemplares impresos según las cifras que la propia editorial daba ya en 2001. Hay líneas dedicadas a cada serie, sagas cruzadas de varios volúmenes, continuaciones de tramas que la televisión dejó abiertas —el llamado «continuum literario», que durante años fue el canon extendido de facto— y miniseries que solo existen en papel.

Nombres a los que merece la pena seguir la pista: Peter David, que creó una nave y una tripulación propias en la saga New Frontier; Diane Duane, que construyó la cultura romulana antes de que la televisión se molestara en hacerlo; John M. Ford, autor de The Final Reflection, una novela sobre los klingon que se lee como literatura y no como merchandising; y Una McCormack, la voz reciente más solvente, con novelas de Picard y de Espacio Profundo Nueve.

Y luego está el otro estante: los libros de referencia. Manuales técnicos con planos de naves, cronologías, enciclopedias de personajes, libros de arte, guías de producción. Es un subgénero editorial en sí mismo.

Aviso para el lector español: buena parte de este catálogo solo existe en inglés. Hubo ediciones en castellano en los ochenta y los noventa, hoy de segunda mano, pero la mayoría de lo publicado en las últimas dos décadas no ha cruzado el idioma. Para buscar: novelas de Star Trek en Amazon y libros de referencia y arte.

9. Los cómics: seis décadas sin faltar un mes

El primer cómic de Star Trek salió en 1967, con la serie todavía en antena, y la licencia no ha estado quieta desde entonces. Gold Key hizo 61 números hasta 1979 con dibujantes que, según la leyenda, no habían visto la serie —de ahí las naves que aterrizan en planetas y los uniformes con colores inventados—. Marvel la cogió para adaptar la primera película. DC hizo dos etapas largas en los ochenta y noventa, con la segunda de ellas —80 números— publicando historias ambientadas entre las películas V y VI. Malibu se quedó con Espacio Profundo Nueve. Tokyopop probó el formato manga con cuatro antologías.

Desde 2006 la editorial es IDW Publishing, y ha sido la etapa más ambiciosa: adaptaciones, precuelas de las películas de Abrams, cruces improbables con Green Lantern, con la Legión de Super-Héroes y con las Tortugas Ninja, y desde 2022 una línea de continuidad propia y coherente que arranca donde lo dejó la televisión.

Y para el 60 aniversario, IDW ha montado el relanzamiento más grande de su etapa:

  • Star Trek #1 (septiembre de 2026), de Christopher Cantwell y Dennis Menheere: la capitana Siete de Nueve al mando de la Enterprise-G, continuando lo que dejó la tercera temporada de Picard.
  • Star Trek: Zero Point #1 (octubre de 2026), de Charlie Jane Anders: Raffi Musiker al mando de una nave con una inteligencia artificial de copiloto.
  • Star Trek: 60th Anniversary Special (septiembre de 2026): cincuenta páginas con historias de Dana Gould, Ryan North, David Walker y Megan Camerena.
  • Star Trek: Celebrations 2026, un especial dedicado a los personajes LGTBIQ+ de la franquicia, y Starfleet Academy – Lost Contact, ligado a la serie nueva.

Para buscar recopilatorios: cómics de Star Trek en Amazon.

10. Videojuegos, rol y juegos de mesa

Videojuegos

La franquicia tiene videojuegos desde 1971. No es una errata: Mike Mayfield programó un Star Trek de texto en BASIC sobre un mainframe SDS Sigma 7 cinco años antes de que existiera el Atari 2600. Desde entonces ha pasado por todos los géneros posibles:

  • Simuladores de combate de flota: la serie Starfleet Command y Armada, estrategia en tiempo real de finales de los noventa y principios de los dos mil, la época dorada del Star Trek en PC.
  • Simuladores de puente: Bridge Commander (2002), donde se da órdenes en lugar de disparar, y Bridge Crew (2017), que llevó la idea a la realidad virtual con cuatro jugadores repartiéndose las consolas.
  • Acción en primera persona: Elite Force, sobre el motor de Quake III, todavía citado como uno de los mejores juegos de la franquicia.
  • MMO: Star Trek Online (2010), gratuito, todavía en marcha después de quince años y con las voces de decenas de actores de las series.
  • Móvil: Star Trek Fleet Command, que es donde de verdad está el dinero hoy.
  • Narrativo: Star Trek: Resurgence (2023), aventura de decisiones al estilo Telltale, hecha por ex de Telltale.

Ya en 2005 se contabilizaban más de cuarenta títulos con Star Trek en el nombre. Hoy la cifra real, contando expansiones y juegos móviles, está muy por encima.

Juegos de mesa

Este es el medio en el que la franquicia lleva más tiempo del que la gente recuerda: desde 1979, con Star Fleet Battles, y sin parar desde entonces. Ha pasado por casi todas las familias de diseño posibles:

  • Wargames de naves: Star Fleet Battles (1979) y su descendiente más ágil, Federation Commander; el Star Trek III Starship Combat Game de FASA en los ochenta; y Star Trek: Attack Wing (WizKids), de miniaturas preminiadas.
  • 4X y exploración: Star Trek: Ascendancy (Gale Force Nine, 2016), con la galaxia construyéndose sobre la mesa.
  • Euros y reimplantaciones: Star Trek: Frontiers (WizKids, 2016), que es Mage Knight en versión Trek, y Star Trek: Catan (2012).
  • Cooperativos: Star Trek: Fleet Captains, Star Trek Panic, Star Trek: Five-Year Mission y Star Trek: Expeditions, este último ambientado en la línea Kelvin.
  • Cartas coleccionables: el Star Trek CCG de Decipher (1994), uno de los grandes de la época dorada del formato, y el set de Magic: The Gathering que llega el 13 de noviembre de 2026.
  • Y los de toda la vida: hay Risk, hay Monopoly, hay Trivial. Hay de todo. Sesenta años dan para eso.

Para buscar: juegos de mesa de Star Trek y Star Trek Ascendancy.

Rol de mesa

Cuatro editoriales han tenido la licencia en cuarenta años, lo que dice mucho de lo bien que este universo encaja en una mesa: FASA (1982–1989), con un juego que construyó tanto material propio sobre los klingon y los romulanos que durante años fue la referencia extraoficial; Last Unicorn Games (1998), Decipher (2002) y desde 2017 Modiphius con Star Trek Adventures, que es el que está vivo hoy, ya en su segunda edición y con una línea de suplementos larguísima.

Es, además, uno de los mejores juegos de rol para grupos a los que no les gusta el combate: aquí la sesión típica es un dilema moral con reloj, no una mazmorra. Para buscarlo: Star Trek Adventures en Amazon.

Y lo demás

Porque de esto también vivimos en este blog: sesenta años dan para un catálogo de coleccionismo inagotable. Este mismo mes ha salido el set de LEGO Icons del puente del USS Enterprise NCC-1701, con 1.701 piezas —el chiste está en el número—, la Royal Mint británica ha emitido una moneda conmemorativa de 50 peniques y en noviembre llega el set de Magic: The Gathering dedicado a la franquicia. Para rebuscar: sets de LEGO, figuras y réplicas, camisetas y el set de Magic.

11. Cómo verlo en España y por dónde empezar

Dónde está

A fecha de septiembre de 2026, y con la advertencia de siempre —los catálogos cambian de un mes para otro—, el reparto es este:

  • SkyShowtime concentra el grueso de la franquicia moderna en España: Discovery, Picard, Strange New Worlds, Lower Decks, Prodigy, Voyager y Section 31. Paramount+ no opera aquí como servicio independiente, así que los estrenos llegan a SkyShowtime con unos días —o unas semanas— de retraso respecto a Estados Unidos. Sí, eso significa esquivar spoilers en redes durante ese hueco.
  • Pluto TV tiene un canal lineal gratuito de Star Trek, con catálogo rotatorio: perfecto para dejarlo puesto de fondo.
  • Alquiler y compra digital en Apple TV, Prime Video, Rakuten TV y Google TV, sobre todo para las películas.
  • Movistar Plus+ emite de vez en cuando las tres películas de la línea Kelvin.
  • Y para las series clásicas completas, la vía más fiable sigue siendo el físico.

Por dónde empezar, según quién sea usted

  • No ha visto nada y quiere saber de qué va esto: Strange New Worlds, desde el primer episodio. Es autoconclusiva, es bonita de ver y no le pide nada.
  • Quiere entender por qué la gente lleva sesenta años con esto: una selección de la serie original. El equilibrio del terror, Semilla del espacio, La ciudad al borde de la eternidad, El enemigo interior, Los tribbles y sus tribulaciones. Cinco episodios y sabrá si es lo suyo.
  • Quiere la mejor serie: Espacio profundo nueve. Pero empiece por la tercera temporada si no soporta arranques lentos, o aguante las dos primeras sabiendo lo que viene.
  • Solo tiene dos horas: La ira de Khan. Se entiende sin haber visto nada.
  • Quiere reírse: Lower Decks, aunque se disfruta el doble con kilómetros a cuestas.
  • Va con niños: Prodigy. Está hecha exactamente para eso.

Lo que no recomendamos a nadie: empezar por el orden cronológico interno del universo. Es una trampa. Hay ochocientos años de línea temporal y la mitad de la gracia está en el orden en que se fueron contando las cosas.

12. Star Trek Day: los sesenta años, hoy

El 8 de septiembre es Star Trek Day desde hace años, pero este es el redondo, y Paramount lo ha montado a lo grande. Lo que está pasando hoy mismo:

  • Los Ángeles: proyección al aire libre en el Autry Museum de The Man Trap —el episodio que se estrenó hace exactamente sesenta años— seguida del pase anticipado del octavo episodio de la cuarta temporada de Strange New Worlds.
  • Londres: intervención en el metro en las estaciones de King’s Cross St Pancras y South Kensington, exposición de vestuario y utilería —Star Trek Warp Trail—, una tienda de Samsung tomada al asalto y una noche para adultos en el Science Museum con intento de récord Guinness de saludo vulcano simultáneo.
  • Alemania: jornada completa en Movie Park Germany, con concurso de cosplay y clases de klingon.
  • En el espacio: la astronauta de la Agencia Espacial Europea Sophie Adenot lleva hoy la insignia delta de la Flota Estelar a bordo de la Estación Espacial Internacional. Sesenta años después del primer episodio, la serie que inspiró a media NASA tiene su emblema orbitando la Tierra.
  • En cines de Estados Unidos: reestreno del 4 al 8 de septiembre de cuatro clásicos de la saga restaurados en 4K, en más de 750 salas.
  • Y el merchandising del aniversario: el LEGO del puente de la Enterprise con 1.701 piezas, la moneda de 50 peniques de la Royal Mint y el especial de sesenta aniversario de IDW.

13. Lo que viene

Y aquí toca ser honestos: el sexagésimo aniversario llega en un momento raro.

  • Strange New Worlds tiene una quinta temporada encargada desde junio de 2025 que será la última.
  • Starfleet Academy terminó de rodar su segunda temporada en febrero de 2026 y, en marzo, Paramount anunció que también sería la última. Estreno previsto en 2027.
  • Eso deja, por primera vez en casi diez años, ninguna serie nueva de Star Trek en producción más allá de lo ya rodado. Es la primera vez desde 2017 que el mapa está así de vacío.
  • En cine, Paramount Skydance canceló la cuarta película de la línea Kelvin y ha fichado a Jonathan Goldstein y John Francis Daley para escribir y dirigir un planteamiento nuevo, explícitamente sin conexión con las películas y series anteriores. Se habla también de una película de orígenes y de un proyecto centrado en Picard, sin nada confirmado.

Conviene no dramatizar. Esta franquicia estuvo doce años fuera de la televisión entre 2005 y 2017 y volvió con seis series a la vez. La cancelaron en 1969 y resucitó en 1979 con una película. Si algo ha demostrado Star Trek en sesenta años es que los huecos son parte de su ciclo vital, y que su público tiene una paciencia y una capacidad de organización que ninguna cadena ha conseguido calcular bien.

14. Star Trek en nosolocomics

Lo que hemos ido contando por aquí a lo largo de los años, para quien quiera rebuscar en el archivo:

15. Para saber más


Larga vida y prosperidad. Y feliz sexagésimo cumpleaños.

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